La Nación
El Nobel que no fue tan noble 1 21 enero, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

El Nobel que no fue tan noble

Mario Andrés Huertas Ramos

 

¿Todos los ganadores del Premio Nobel de la Paz lo merecían? se preguntaba Rick Gladstone, hace un par de semanas en el New York Times. La razón: los recientes acontecimientos en Etiopía que comprometen al premier Abiy Ahmed (Nobel en 2019) y que hemos visto a través de diferentes cadenas internacionales de información.

El tema no es personal, por si algunos así lo creen, esto va más allá de unos nombres. El auténtico telón de fondo son los resultados con los llamados “procesos de paz”.

La referencia a Santos, tras la derrota del plebiscito de 2016, calificada de “profunda vergüenza” se refuerza con los calificativos de “indigno” y “absurdo” para cuestionar dicho nombramiento.

Apelaré a los mismos calificativos para reforzar la somera alusión de Gladstone. Indigno porque la legalización de las FARC se hizo promoviendo el odio, las mentiras y la propaganda; así, por ejemplo, lo que fue la marcha del 1 de febrero de 2008 contra esta organización terminó por convertirse en millones de voces por las FARC.

Indigno porque este premio ha debido ser compartido con Timochenko y no solo para alimentar la vanidad y el ego de Santos sino para reconocer a los hombres y mujeres de las FARC que se han jugado la vida en una guerra que le ha dado privilegios exclusivamente a una cúpula que se deshace en su interior.

Indigno porque con el sol a cuestas (es decir, con el NO como ganador) desconoció unas elecciones e impuso, por vías de facto, un Acuerdo cuyo origen en las urnas NO era legítimo. Lo anterior fue un golpe a la democracia, y a pesar de ser un país santanderista, muchos aplaudieron la actitud antidemocrática de Santos.

Absurdo ya que un sector del país NUNCA hubiese consentido los privilegios que ha tenido la cúpula de las FARC si dichas prebendas se les hubiese dado, por ejemplo, a los paramilitares que fueron extraditados. Insisto: y en un país santanderista donde la justicia (como valor axiológico) no resultó siendo tan justa.

Absurdo porque a nombre de “la paz” se diseñó un tribunal obviamente especial para que la cúpula de las FARC no se sometieran a una jurisdicción auténticamente imparcial que diera a los colombianos la mínima sensación de acercarnos a un ideal de justicia. ¿Se imaginan si los paramilitares hubieran tenido unos jueces como la JEP? Las voces de los mismos que defienden esta jurisdicción no serían tan condescendientes.

Absurdo porque han querido cambiar la historia de las FARC omitiendo y tapando el pasado, como con el M-19,  para que jóvenes generaciones desubicadas y carentes de sentido histórico desvíen sus juicios contra otros sectores y legitimen opciones abiertamente antidemocráticas y con un pasado tenebroso.

A todas luces, a este galardón le ha faltado la nobleza que obligaba realmente a no dividir, fracturar y envenenar el país a nombre de “la paz” tal como quedará consignado en los anales de Colombia.