La Nación
El perdón es la medicina en el matrimonio 1 6 diciembre, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

El perdón es la medicina en el matrimonio

René Jiménez Cobos

El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea. Vivimos en un mundo infestado de rencores, resentimiento y amargura que ha dejado corazones quebrantados y problemas de división familiar y si no hacemos nada por salir de este problema, este será el modelo para las siguientes generaciones.

Santiago 1:19 Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse.

El propósito de Dios con el matrimonio es vivir en amor, armonía y unidad, sin embargo en un gran número de hogares lo que hay son conflictos, porque no se practica el perdón inmediato y mucho menos la reconciliación, entonces los resultados son que con mayor frecuencia los hogares se están destruyendo.

El perdón es el aceite que suaviza las relaciones, el cual reduce la fricción y permite que la pareja se aproxime, sin hacerse daño. Cuando en el matrimonio uno de los dos tiene problemas de rencor, destruye la oportunidad de tener una excelente comunicación.

¿Quién de nosotros no está sujeto al mal humor, al  negativismo y a la actitud crítica? Todas las parejas lo sufren, pero cuando se entiende que en el perdón está la medicina para las heridas del corazón,  se puede gozar del amor, la armonía y la paz en la relación de pareja.

¿Qué es el perdón?  El perdón es dar el primer paso con el objetivo de sanar la relación. Es una expresión de amor que toma la iniciativa;  la mayor muestra de perdón fue dada por Dios hacia nosotros.

Perdonar significa otorgar gracia y no exigir que se haga justicia.

Claramente Dios quiere que Ud. tome la iniciativa de perdonar a su pareja sin importar si lo merece o no, Porque Dios no quiere que seamos hipócritas y lo adoremos cuando no hemos sido capaces de perdonar al otro.

Cuando un hogar se mueve en el perdón será un hogar restaurado y feliz. En la palabra de Dios (Santiago 3:2-3). Afirma que todos ofendemos muchas veces, y que si alguno no ofende en palabra, es un varón perfecto, capaz de refrenar también todo su cuerpo. Todos hemos cometido errores en algún momento. No existen hogares perfectos pero sí, hogares restaurados.