La Nación
Emma Reyes: un retrato de los inicios del siglo XX 1 18 julio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

Emma Reyes: un retrato de los inicios del siglo XX

En el programa radial En la caverna, transmitido a través de la Radio Universidad Surcolombiana 89.7 FM y su canal de YouTube, acabamos de leer un libro titulado Memoria por correspondencia (2012) de la pintora colombiana Emma Reyes. El texto está conformado por una serie de cartas que la artista envió desde Paris a su amigo e intelectual colombiano Germán Arciniegas. En ellas Emma narra su vida desde que era una niña, cuenta detalles que revelan toda una época: la primera mitad del siglo XX y, con una descripción clara, fluida y perspicaz, nos atrapa en un viaje al pasado para descubrirnos en su memoria.

Las cartas son magistrales por la narración de los acontecimientos de su vida. Sin acudir a los juicios de valor, quejas o reclamos innecesarios se va contando la vida de una mujer que nació en 1919 en Bogotá. Las primeras historias transcurren en un cuarto oscuro que comparte con sus dos hermanos y la señora María (su madre). Su labor en las mañanas consistía en ir con una mica (recipiente) llena de orines y excrementos para arrojarlos al muladar; luego iba al basurero donde jugaba con otros niños. El periplo de quien tiempo después sería una pintora de gran reconocimiento transcurrió en esos primeros años entre la orfandad de una sociedad caracterizada por negar los derechos a sus ciudadanos y los momentos de felicidad momentáneos e intensos. Un día, mientras presenciaba las fiestas de Guateque (Boyacá), descubrió que el gobernador, que cabalgaba un hermoso caballo blanco, era el padre de su hermano. El político había ido un día a visitarlas al cuarto de Bogotá para llevarse al niño y marcar con ello el abandono como destino en la vida de Emma Reyes. Como sucedía en las fiestas de los pueblos, las autoridades importantes aparecían en medio de tradiciones religiosas y taurinas. El jolgorio terminó en tragedia debido a un incendio que consumió todo a su alrededor; Emma dijo: “Yo recordaré ese incendio como el espectáculo más bello y extraordinario de mi infancia”.

En las cartas Emma Reyes nos hace sentir dolor, tristeza, amargura, angustia, alegría, emoción y todo tipo de sensaciones a través del arte de narrar. No reproduce un vicio muy recurrente en el presente: adjetivar, juzgar, jugar a ser ese Dios que lo ve todo desde lo alto y con superioridad moral. Ella se sitúa en la realidad, en su propio ser para contar lo que le sucedió. Quizá el día del gran incendio fue bello para ella porque significó el fin, al menos por un momento, de una sociedad acostumbrada a abandonar y a fingir que es alegre.