La Nación
Hechos a la medida 1 24 mayo, 2024
INVESTIGACIÓN

Hechos a la medida

Los músicos de la “Séptima Dimensión” nacieron en Saladoblanco, entre las montañas del sur. En Pitalito y Neiva crearon los escenarios de la cultura juvenil donde empezaron a construir el nombre de la pionera de las orquesta del Huila.

Olmedo Polanco

Aún le quedaban tres alfileres apretujados entre sus labios. Parecía como si dispusiera las banderillas del segundo tercio de la lidia. Tuvo cuidado de no pinchar el hombro del cliente y uno tras otro los insertó en el paño importado. Con la precisión que sólo permite saber dónde está cada cosa, hizo a un lado la escuadra de madera y tomó entre sus dedos la tiza Tailor, importada. Trazó una línea blanca discontinua entre los puntos señalados por los metales puntiagudos. Justo allí debía ajustar las costuras. Gerardo Muñoz Muñoz era sastre en Saladoblanco (Huila).

Ana Dolores Hernández -Lolita-, entró en la sastrería. Saludó a su esposo y al cliente que inmóvil como un maniquí, probaba por primera vez el traje mandado a hacer sobre medidas. Lolita llegaba a casa desde la parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes. Esa tarde ensayó junto a sus amigas el cantoral católico que interpretarían en la misa de esa noche a las siete. Hacía pocos meses había dado a luz a su hijo Jesús Abad (18 de septiembre de 1955). El 19 de abril de 1954 había nacido el mayor, Edwin Gerardo.

La casa de los Muñoz Hernández en Saladoblanco era espaciosa. Había cinco alcobas y un salón amplio que facilitaba los ensayos musicales del padre y sus hijos. El papá era, además de sastre, fotógrafo y músico empírico. Interpretaba la guitarra, el tiple y el clarinete. Había nacido el 22 de diciembre de 1922 en Bolívar (Cauca).

En la residencia de los Muñoz Hernández celebraban con ritmos criollos los encuentros familiares. Sobre todo, cuando desde Manizales y Cali llegaban las tías monjas de la comunidad de La Presentación: María Nelly y María Fanny. También se reunían para tocar los instrumentos cuando estaban de plácemes las autoridades locales. La bienvenida al juez municipal, la despedida del personero o el cumpleaños del sacerdote.

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De Saladoblanco a Pitalito y Neiva. Las músicas tropicales cruzaron las fronteras nacionales.

Destino Pitalito

Como los hijos adolescentes no podían continuar estudios secundarios en Saladoblanco, en 1973 la familia fijó residencia en Pitalito. Llegaron a pagar arriendo. Atrás quedó la Cordillera Central de Los Andes. Se despidieron de los vientos fríos que descendían desde la Serranía de las Minas y Pico Paletera. El papá los matriculó en el Colegio Departamental. En el Valle de Laboyos “se juntaron el hambre con la necesidad”. El rector Humberto Muñoz Ordóñez era parrandero. Le complacía escuchar “Noches de Ipacaraí”.  “Una noche tibia nos conocimos/Junto al lago azul de Ipacaraí/Tu cantabas triste por el camino/Viejas melodías en guaraní”, reza la letra de Zulema de Mirkin con música de Demetrio Ortiz.

En el Colegio Departamental estudiaron Edwin Gerardo y Jesús Abad. Sería la primera promoción de bachilleres de la institución. Edwin y su novia Elsa Cano Quesada, los mejores bachilleres de la promoción. Jesús se graduó en el Colegio Nacional Laureano Gómez, en San Agustín. Un incidente con el profesor de Geometría, Ramiro Becerra Sterling lo obligó a cancelar los estudios en Pitalito. El hippismo del estudiante no le simpatizaba mucho al profesor. “Lo masticaba, pero no lo pasaba”.  “Éramos muy sanos. Nada de marihuanita!”, advierte Jesús Abad.

Edwin Gerardo, Jesús Abad y Oswaldo, ‘se juntaron’ con otros estudiantes adolescentes del Colegio Departamental. Les atraían los ritmos tropicales y las serenatas. Acompañaban a los hermanos Muñoz Hernández: Reynaldo Motta Quibano y los también hermanos  Hugo Alberto y Antonio Olave Díaz. El conjunto musical era aclamado por las niñas del Colegio de La Presentación. Los invitaban a los centros literarios. En el teatro, que era una joya arquitectónica para las monjas, sonaban los temas bailables ensayados días antes para no desentonar: “El cuartetazo”, “La marcha del pato” y “Los Mirlos”. En Pitalito amenizaban fiestas de cumpleaños familiares, matrimonios, tablados y verbenas populares. La orquesta actuaba en los municipios circunvecinos. La mediación técnica no era óptima, trabajaban con amplificadores prestados. En 1977 la juventud sureña brincaría el “Ramaya”, con el carisma y la energía del negro Afric Simone.

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Edwin Gerardo Muñoz Hernández, en una de las presentaciones de la Séptima Dimensión. Su hermana Elcy Elvira y Alexandra Ríos Morales, hicieron parte de la agrupación tropical.

Lugares de encuentros y desencuentros

En Radio Sur pagaban anuncios publicitarios en formato de cuñas grabadas por locutores y con músicas de fondo, los más importantes negocios comerciales de Pitalito. Almacén El Vaquero, Heladería Bambi, Almacenes Yep, almacén El gato negro, Teatro Laboyos, Teatro Roxy, Almacén El sombrero elegante, la agencia de loterías de José Joaquín Vargas Morales, Discumbia y La Piñata. Miguel Pinto Jiménez dirigía la emisora, con la supervisión de Héctor Polanía Sánchez.

Muy cerca de La Horqueta, donde el profesor de Educación Física, Laureano Gómez, llevaba al trote a los estudiantes del Departamental, funcionaba el estadero Las Vallas. “Vayas donde vayas, nos vemos en Las Vallas”, decía la publicidad difundida a través de la radio.

El estadero “La Vallas” era uno de los negocios de Adán Rodríguez. Estaba situado, cerca del Centro Artesanal, en la salida hacia el municipio de San Agustín. Funcionaba los fines de semana y el domingo hasta las horas de la noche. Allí tocaba la orquesta, inicialmente conformada por Gerardo Muñoz Muñoz y sus hijos, fortalecida por los hermanos Olave Díaz y Reynaldo Motta Quibano.  José Yezid Muñoz Millán interpretaba el bajo eléctrico. Los otros bailaderos de Pitalito eran “La Isla”, “Casa Blanca” y “Los Andaquíes”. En el sur del Huila danzaban con “Muchacha de 15 años”, “Camino de amapolas”, “Festival vallenato” y “Anhelos”. De moda estaban: Los Corraleros de Majagual, Los Hispanos, Los Graduados, Nelson Enríquez y Alfredo Gutiérrez, por citar algunos nombres que hacían bailar en pareja.

‘Casa Raquel’ era el amanecedero más frecuentado en Pitalito, con todo y sus mujeres que acompañaban por dinero a ciertos jóvenes de apellidos ‘prestantes’ del Valle de Laboyos. “Vamos donde Raca”, acostumbraban decir los hombres con bríos exaltados y la sangre a galope. La zona de tolerancia estaba en el barrio Libertador.

Promocionados a través de la televisión

Desde el municipio de Acevedo, Jesús Abad me contó su experiencia actuando con la Séptima Dimensión en la televisión nacional. “Hacía un frío intenso en la Sabana de Bogotá. El promotor musical Arturo de La Rosa nos recibió en las instalaciones del Instituto Nacional de Radio y Televisión -INRAVISIÓN-. Vestíamos a  la moda setentera: pantalón bota campana en terlenka y chaleco corto. Actuamos en el programa ‘Galaxia musical’, dirigido y presentado por de La Rosa (nacido en Ricaurte -Nariño- 15 de abril de 1936). Era sábado e interpretaron tres canciones tropicales. La importancia de la televisión y el posicionamiento de la programadora, constituida en el año 1967, brindaron un nuevo escenario a la orquesta. “Fue un vitrinazo para nosotros”, rememora Jesús Abad.

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La alegría en plena acción. Desde el sur del Huila, la orquesta que nos puso a bailar.

Músicos y maestros de escuela

Reynaldo Motta Quibano era profesor y locutor en Radio Sur. “Larguirucho” y muy cuidadoso en el vestir. Sobre su hombro derecho acostumbraba colgar un bolso de cuero. Allí guardaba sus documentos, una libreta de apuntes y un par de esferos. Dirigía la agrupación musical “Los King boys”. Cantaba y bailaba las músicas tropicales como si estuviera trepado en zancos.

A mitad de semana, José Yezid Muñoz Millán -Yeyo-, me contó desde Miami (Estados Unidos) que en 1974 se desempeñaba como maestro de primaria en Bruselas. En junio del mismo año la autoridad educativa trasladó a ‘Yeyo’ a la escuela rural de Regueros. Recorría en bicicleta “Standard” los siete kilómetros que separaban Pitalito de su trabajo magisterial. Se acompañaba con un radio transistor Sanyo, ‘alimentado’ con pilas Eveready, “las del gato”. Sintonizaba Radio Sur durante el corto viaje.

En el locutorio de Radio Sur, Reynaldo había ‘desenfundado’ el disco Larga duración del plástico transparente. Una mujer ligera de ropas en la carátula del Volumen 11 de los “14 cañonazos bailables”. El atrevimiento visual de Discos Fuentes había superado la censura de Fanny Polanía de Castro en la emisora local. En la fotografía del disco la joven mujer posaba de medio lado, tendida sobre un pequeño sofá. Se lucía en un traje de baño de dos piezas, aunque de fondo no había mar ni piscina.

Mientras pedaleaba en el valle rumbo a su escuela, ‘Yeyo’ imaginaba cómo debía pulsar las cuerdas del bajo eléctrico en tanto Eliseo Herrera cantaba: “Acaba de llegar el pájaro platanero, ya comenzó a picar y el plátano cayó en el suelo”. Reynaldo apareció ante el micrófono. Aportó datos de la discografía: “En la música alegre y guapachosa”, -dijo- han escuchado “Pajarito platanero”, composición de Eliseo Herrera, acompañado por Los Corraleros de Majagual. Al tiempo que el joven locutor devolvía el disco a su funda y miraba por última vez a la modelo en la carátula, anunció la hora y saludó con su frase acostumbrada: “Buenos días América”. La señal de Radio Sur se perdía en el sector de “Agua Blanca”.