La Nación
La guerra y la paz en el Cauca 1 21 junio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

La guerra y la paz en el Cauca

Sumergido en medio de todos los problemas sociales posibles, miramos con preocupación como el recrudecimiento de la guerra en el Cauca nos deja una historia más de dolor y pobreza que parece perpetuarse en el tiempo, un bucle sin final que impide su crecimiento y desarrollo. A pesar de contar con infinidad de riquezas naturales como un océano, múltiples ríos y fuentes de agua, bosques de montaña, valles y planicies fértiles como ningunas otras, minería y una cultura invaluable, patrimonio de toda la humanidad, el Cauca vive en medio de la zozobra que deja la violencia. Es irónico que en medio de tanta riqueza y belleza se escriba una historia de tristeza, pero esa es una realidad que vivimos los colombianos.

La pobreza en la que viven miles de caucanos en zonas apartadas y la ausencia del estado durante años, han sido el caldo de cultivo perfecto para que la ilegalidad florezca y mantenga el control. Hoy sumado a las cifras de pobreza hacen presencia carteles del narcotráfico, disidencias de las FARC, ELN y otros tipos de actores ilegales, generadores de una escalada violenta que demuestra en parte el tiempo perdido por el Gobierno en proyectos y negociaciones infructuosas, experimentos mal concebidos desde un comienzo, al creer en la buena voluntad de grupos inmiscuidos netamente en negocios de economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando, la minería ilegal, la extorsión y el secuestro, entre otros. No sabemos verdaderamente cuántas victimas ha dejado este conflicto, lo que realmente si conocemos es que vamos por mal camino creyendo que tienen la voluntad de paz, porque sus hechos así lo demuestran.

En algunas de sus zonas no existe un control territorial verdadero por parte del Estado, mandan como en otras regiones de Colombia los violentos que ostentan el poder de las armas, no existe justicia porque ellos son la justicia.

El Cauca requiere mucho apoyo, también internacional por supuesto, la coca y la marihuana que se cultivan en sus montañas demuestran que se trata de una problemática mundial que atenta contra el medio ambiente.

Hoy que tienen una vicepresidenta originaria de este territorio y un presidente que contó con el respaldo mayoritario de esa región, debería más que nunca el Cauca estar desbordado en proyectos de inversión social como vías, acueductos, alcantarillados, proyectos educativos y productivos que desplacen las economías ilícitas, y por supuesto también el fortalecimiento de la seguridad que permita tener la tranquilidad a sus pobladores y visitantes.

Tristemente es muy poco lo que se ve avanzar, el cambio parece que no llega, así lo expresan sus habitantes que sienten nuevamente desilusión al ver como desaparece una oportunidad de transformación, mientras se recrudece la violencia.

El Cauca debería ser un laboratorio de desarrollo y paz para Colombia, no el comodín electorero de falsas promesas populistas que poco terminan cambiando la realidad. Yo, como muchos otros seguimos creyendo en su inmenso potencial, falta es la voluntad de dedicarle todo el esfuerzo gubernamental para que esta maravillosa región supere sus problemas y sea escenario del desarrollo y la paz que tanto anhelamos. Se puede, pero con carácter y decisión de buscar el verdadero cambio.