La Nación
La mejor lectura de Marx 1 23 julio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

La mejor lectura de Marx

La hacen las elites económicas mundiales, sus lectores de profesión, para protegerlos del marxismo. Hoy están borrando paulatinamente el concepto de “luchas de clase” como motor de la Historia, lo están reemplazando por el de “esfuerzo personal”.

Superaron el liberalismo del siglo XIX, su prolongación de la premodernidad europea cuando los siervos conocían a sus señores, sus opresores. Vivían en sus territorios, trabajaban para ellos. En la colonial Latinoamérica, los campesinos de finca conocían al latifundista, los “Pedros Páramos” su opresor.

En la modernidad, el liberalismo prolongó la misma modalidad: los obreros conocían a sus patronos. Henry Ford entraba a su empresa de automóviles en su carro luciendo sus privilegios de poder ante la mirada de sus obreros. Presencia provocadora, origen de odios, de luchas sindicales.

Después de la lectura de Marx, la élite optó por esconder el rostro de los opresores, les borró su presencia ante los oprimidos. Los camufló detrás de empresas anónimas, bancos poderosos, bolsas de valores, instituciones reguladoras del mercado mundial.

Difícil conocer hoy los dueños del capital mundial, los monopolios financieros o industriales; ni quienes los propietarios de la industria armamentista, poderoso negocio de las guerras; ni los de las bigfarmas, poderoso mercado de medicamentos… Ni siquiera, los auténticos beneficiados por el negocio de la droga ilícita.

Los ricos publicitados en la revista Forbes actúan como un despiste, un atrapa bobo. Tampoco Sarmiento Angulo es el más rico del país, ni todo su capital le pertenece. La droga ilícita crea nuevos Pablos Escobares en la clandestinidad.

Sin embargo, se siente la mano invisible del mercado. Cada persona actúa: unas veces, como cliente; otras, como mercancía. Cada ciudadano vive para consumir y consume para endeudarse. Cada quien trabaja para pagar una permanente deuda invisible y universal sin conocer el rostro de los acreedores. Toca pagar las deudas del Estado y todos los Estados del mundo están endeudado, incluyendo Estados Unidos y China. Ningún ciudadano de la tierra está exento de pagar esa deuda vía impuestos.

Desaparecidos los explotadores del panorama visual, se impune la nueva estrategia: cada persona debe ser su propio patrón, su propio yo a superar en el mercado capitalista. Basta un buen emprendimiento. Cada cual es dueño de su éxito o fracaso económico. Ninguna necesidad de luchar contra un opresor distinto a sí mismo, ya no existe, está camuflado.

Hoy, uno mismo es su propio opresor. La idea pertenece a Byung-Chul Han quien afirma: “… la lucha de clases se transforma en una lucha interior contra sí mismo. Quien fracasa hoy se culpa a sí mismo y se avergüenza de sí”.