La Nación
“La memoria de José Eustasio Rivera no ha sido honrada adecuadamente” 1 17 abril, 2024
ENTREVISTA

“La memoria de José Eustasio Rivera no ha sido honrada adecuadamente”

La investigadora Norma Donato habla con LA NACIÓN sobre el análisis genético que le hizo a La Vorágine y de Juan Gil, la ópera prima de José Eustasio Rivera. “Era un autor mucho más prolífico de lo que conocemos”, dice. La experta del Instituto de Textos y Manuscritos Modernos de Francia advierte además que el archivo del escritor huilense está perdido.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

Invitada por el Banco de la República, estuvo en Neiva la investigadora del Instituto de Textos y Manuscritos Modernos de Francia, Norma Donato, y conversó con LA NACIÓN sobre el análisis genético que le hizo a La Vorágine y el hallazgo de Juan Gil, la ópera prima del escritor huilense José Eustasio Rivera.

¿Cómo le ha ido con el análisis genético de La Vorágine, la obra cumbre de José Eustasio Rivera?

Una edición genética tiene como propósito fundamental mostrarle al lector el proceso creativo de la obra, desde la primera idea hasta la última voluntad del autor. En el caso de José Eustasio Rivera, esta última voluntad quedó registrada en la quinta edición de 1928. Mi trabajo como editora genética ha sido reconstruir todo el proceso creativo de La Vorágine en sus tres etapas, entre ellas la etapa anterior a la redacción, que está compuesta por distintos tipos de documentos; por ejemplo, cartas en donde Rivera cuenta alguna experiencia que tuvo; él le escribe a su amigo Elías Quijano algunas experiencias que tuvo cazando animales en los Llanos y esas reflexiones van a pasar a La Vorágine. Eso todavía no es La Vorágine, pero son adelantos de la novela. Luego viene la etapa propiamente de la redacción, que es cuando José Eustasio se sienta a escribir a La Vorágine el 22 de abril de 1922 en Sogamoso, Boyacá. Lo sabemos porque él mismo lo pone en los manuscritos y escribe que ahí empezó a redactar La Vorágine. Son dos manuscritos que están en poder de la Universidad Nacional; el primer manuscrito, que yo llamo el cuadernillo A, es grande, tiene 85 folios, lleno de tachaduras. Y el otro cuadernillo es más pequeño, tiene 12 folios.

¿Qué deduce de esos cuadernillos?

Lo que podemos ver es cómo se fue construyendo y escribiendo, tachón a tachón, paso a paso, La Vorágine. Mi ejercicio ha consistido en descifrar esos cuadernillos, qué es lo que está debajo de esas tachaduras; hay tachaduras que no lo permiten, como por ejemplo, la del primer título que llevó La Vorágine; es una tachadura muy fuerte que ha sido imposible determinar cuál era el primer título de la obra. Pero, hay otras que han sido descifradas, permitiendo contar otra historia, otras versiones de La Vorágine. Por ejemplo, en los manuscritos de La Vorágine hay muertes de personajes importantes que no pasaron a la edición impresa; José Eustasio se arrepiente y lo tacha. Ese tipo de cosas es lo que hace un genetista: buscar esas otras versiones para aventurar hipótesis sobre cómo fue que se originó esa novela, que hoy leemos y conocemos como La Vorágine. Y en la etapa propiamente editorial, cuando Rivera establece su texto y va a su primera impresión, ahí también el genetista tiene un trabajo de cotejo. He trabajado, igualmente, en el cotejo de las cinco ediciones y ver las diferencias, así como interpretarlas.

¿Qué cambios hay entre la primera edición y la quinta edición de La Vorágine?

En la primera impresión de La Vorágine hay una fuerte inclinación de José Eustasio Rivera por la poesía. Era una novela que sonaba a poema, casi escrita en decasílaba; la crítica le dio muy duro por eso porque parecía un poema y no una novela. Lo que hace Rivera en la segunda edición es quitar toda la sonoridad del texto. Ahí hay, por ejemplo, una hipótesis de interpretación sobre los cambios que sufrió La Vorágine en la etapa editorial.

¿Qué ha sido lo más sorprendente que ha encontrado en medio de este análisis genético a la novela de Rivera?

El trabajo de archivo es fundamental para poder hacer una edición genética porque hay que buscar todos los documentos que tienen que ver con su creación y en el caso de La Vorágine hay algo particular: tenemos borradores y manuscritos de la primera y segunda parte, pero no tenemos un borrador de la tercera parte. Yo llevo cinco años buscando el borrador de la tercera parte de la novela, pero ya sabemos qué fue lo que pasó. En realidad, no existe tal borrador; lo destruyeron. Lo que he encontrado en el trabajo de archivo es que Rivera era un autor mucho más prolífico de lo que conocemos; escribió muchas más obras de las que tenemos testimonio; sabemos que escribió seis obras de teatro, tres libros de poesía diferentes a Tierra de Promisión y ‘Mancha Negra’, que no es un mito; Rivera la redactó, se la robaron y no la pudo publicar.

¿Qué transformación tuvieron los personajes de La Vorágine entre los borradores y la primera edición?

Hay muchas cosas, pero sobre todo cosas que añadió. En los borradores moría Antonio Correa, el hijo de Sebastiana, de una forma horrible, pero José Eustasio Rivera se arrepiente y cambia la historia. Lo que uno ve es cómo Rivera está tratando de elaborar una idea muy importante en la literatura y es la estetización de la muerte; hay una búsqueda importante en los manuscritos por mostrar muertes hermosas. Por ejemplo, el episodio de los indígenas que se ahogan, cuando Arturo Cova dice: ‘no derramaron una gota de sangre, alegrémonos de esta muerte’, pero Fidel Franco se pone furioso y le asegura: ‘cómo puede ser tan cínico si son nuestros compañeros’. Hay muchas búsquedas estéticas de Rivera.

A partir de todo su trabajo alrededor de La Vorágine, ¿qué piensa hoy de José Eustasio Rivera?

He descubierto que no conocemos a José Eustasio Rivera. No conocemos la mayor parte de la obra que él escribió. Solo conocemos un pequeño porcentaje de lo que escribió. Y hay aspectos de su biografía que tampoco conocemos. Con el descubrimiento de los manuscritos originales de Juan Gil, la obra olvidada de José Eustasio, vemos a un Rivera muy rebelde con respecto a las normas de la estética de sus contemporáneos. Él tiene un impulso creativo que va hacia la denuncia y eso va a quedar muy en evidencia con La Vorágine. Pero, yo creo que sus otras obras iban en ese sentido. El Juan Gil que yo encontré es una obra que demuestra ese José Eustasio Rivera rebelde, que tiene una vocación de denuncia social. Él se tomaba a pecho la crítica contemporánea; él le hacía demasiado caso a esa crítica y esta crítica tenía una forma de ver la literatura mucho más decorosa, dirigida a considerar que la literatura no era para denunciar la realidad, sino que debía ser muy hermosa. Rivera se debatía entre esas dos cosas, de querer pertenecer a un mundo de letras que le imponía una estética, pero también tenía su impulso creativo relacionado con la denuncia.

¿Es La Vorágine la obra maravillosa de la que todo el mundo ha hablado a lo largo de estos 100 años?

Absolutamente, pero hay que entender por qué. Rivera buscó siempre nuevos lenguajes y fue valiente en esa búsqueda. Eso hizo que La Vorágine fuera una de las primeras novelas en Hispanoamérica en tomarse en serio el tema de la denuncia social. Y en esto Rivera sí es un pilar fundamental de la historia de la literatura colombiana. Él entendió la literatura como algo mucho más allá de la experiencia estética. Por un lado está el Arturo Cova que le encanta la poesía, pero por el otro lado está todo el tema de las caucherías. En el trabajo de desciframiento de los manuscritos de La Vorágine, vemos que eran dos proyectos narrativos distintos. En realidad, Rivera tenía una novela a lo modernista en donde la preocupación fundamental era el poeta, su reflexión interior, la sinestesia; eso quedó registrado en el cuadernillo A de La Vorágine. Y luego, aparece el cuadernillo B en el que hay una voz narrativa completamente distinta, un personaje diferente, que no tiene nada que ver con este Arturo Cova y es Clemente Silva. Y en el cuadernillo B queda registrada la historia de un cauchero y de todas estas referencias en la realidad que tanto se han estudiado. Pero, hay un punto en el que Rivera decide ponerlo en una sola historia y tenemos La Vorágine híbrida y compleja. En realidad, eran dos novelas distintas y la genialidad de José Eustasio es condensarlas en una. Lo que hizo fue fundar una nueva tradición en la literatura colombiana. Hasta ese momento teníamos otro tipo de literatura, una literatura romántica. Desde ahí la tendencia literaria fue la realidad. Sin Rivera, no hay literatura colombiana del siglo XX.

“La memoria de José Eustasio Rivera no ha sido honrada adecuadamente” 7 17 abril, 2024
La investigadora Norma Donato en entrevista con el editor general de LA NACIÓN, Jesús Antonio Rojas Serrano. Lugar: Centro Cultural del Banco de la República en Neiva.

Haciendo la edición genética de La Vorágine, se encuentra con Juan Gil, ¿cómo fue eso?

En el 2021 fui a la Universidad de Caldas porque allá tienen un archivo sobre José Eustasio Rivera; yo estaba en búsqueda de la tercera parte de La Vorágine. Fue allá en donde empecé a escuchar que había un archivo privado de José Eustasio Rivera. Averigüé y al final, un profesor me dio el contacto de la persona con ese archivo. Y llegué a la casa de don Ramiro Henao, un ingeniero ya de edad, cuyo padre fue compañero de residencia de José Eustasio Rivera. Ellos vivieron juntos en un apartamento en el centro de Bogotá, cuando Rivera estaba estudiando derecho en la Universidad Nacional entre 1912 y 1917. Durante ese periodo, el señor Félix Henao Toro estaba estudiando medicina y compartió casa con José Eustasio. Un día Rivera quiere hacer un viaje y no tiene plata; le pide plata prestada a otro compañero de residencia, pero en prenda de pago le deja los manuscritos de Juan Gil y otra serie de documentos como dos libros de su propiedad pero no de su autoría y una libreta de acuarelas de la Comisión Corográfica. Cuando Rivera vuelve de su viaje, no tiene la plata para pagársela; el señor Henao le compra esos documentos al compañero de residencia y se queda con ese material. Se lo llevó para Manizales y quedó allá hasta el año en que lo descubro.

¿Y qué pasó?

Al manuscrito le hago una prueba de autenticidad caligráfica y la prueba sale positiva. Me comuniqué con la directora de la Biblioteca Nacional y ella envía a la encargada de las colecciones, conoce el material y ahí empieza la negociación con el señor Henao; la compra se hace en diciembre de 2023 y el material llegó a la biblioteca en enero pasado. Desde entonces, empecé a trabajar en la edición genética del manuscrito, es una puesta en limpio, es una obra terminada, pero con algunas tachaduras y re-escrituras.

¿Qué hay de nuevo en este Juan Gil frente al que todos habían hablado?

En 1988, el jesuita Carlos Herrera publicó las primeras obras completas de José Eustasio Rivera y en esa pieza da a conocer por primera vez Juan Gil, pero lo único que nos dice de ese material es que las hermanas de Rivera se lo dejaron ver. No nos dijo si era un mecanuscrito o un manuscrito, de qué fecha o en qué estado se encuentra. Me puse a averiguar y llegué al baúl que existe en la misma casa en donde Catalina Salas de Rivera recibió los objetos de su hijo una vez muere; es una casa en la calle 85 en Bogotá. En ese baúl hay muchas cosas que los investigadores no conocemos porque una vez murieron las hermanas de Rivera ese baúl se cerró y no se volvió a abrir. Los herederos de ese baúl, es decir los sobrinos de Rivera, no han permitido que los investigadores entren allí. Yo accedí a una foto de la última página de un mecanuscrito que está en ese baúl de Juan Gil y que debe ser la copia que utilizó Herrera para su texto porque el desenlace es exactamente igual a lo que este señor publicó. Virginia, una hermana de José Eustasio, contó para una entrevista de El Colombiano que a Rivera se le perdieron muchas obras, entre esas el original de Juan Gil. Lo que yo encontré, entonces, es un manuscrito autógrafo, es decir, el manuscrito original que Virginia creyó que estaba perdido. Lo que cuenta esta obra de teatro es completamente diferente a lo que publicó Herrera. En la edición revelada por Herrera hay solo tres actos, mientras que en la que encontré hay cuatro actos; en la edición de Herrera, Pilar es una mujer adúltera que está esperando un hijo de otro hombre, en mi edición Pilar siempre ha sido fiel a su esposo y lo amó durante mucho tiempo. Los finales son muy distintos. Son dos obras opuestas.

 Para cerrar, ¿cree que el país y el Huila le han hecho el suficiente reconocimiento a José Eustasio Rivera?

Sí ha habido mucha celebración, muchos eventos, muchos expertos hablando, pero eso no significa que se haya honrado adecuadamente la memoria de José Eustasio Rivera. El archivo de José Eustasio Rivera está perdido, desmembrado, esparcido por toda Colombia. Y los recursos económicos e investigativos se han ido a llover sobre mojado. Hemos entrado en una vorágine de volver a decir lo que ya está dicho y no le hemos prestado atención a cosas que hay por hacer, como por ejemplo, encontrar las obras perdidas de José Eustasio Rivera o hacer algo con las que ya se han encontrado. El manuscrito de La Vorágine está desde el 2009 en la Biblioteca Nacional; quién lo ha editado, quién lo ha estudiado: nadie; eso está ahí, abandonado. Creo que hace falta honrar verdaderamente la memoria de José Eustasio Rivera. Ni siquiera sabemos quién es él porque la mayor parte de sus obras están perdidas. Si queremos honrar la memoria de José Eustasio, tenemos que hacer el trabajo que no se ha hecho. Hace falta un trabajo de archivo de Rivera en el Huila, cartas que sus amigos hayan recibido de él; todo este material es importante y sería muy bueno que se pudiera reunir e investigar.