La Nación
La Nacho se pronunció 1 21 junio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

La Nacho se pronunció

El Consejo Superior de la Universidad Nacional determinó la semana pasada que el rector es, de ahora en adelante, el profesor Leopoldo Múnera. Esto se dio luego de dos meses de paro debido la elección de Ismael Peña como rector a través del Método Borda, que desconocía la decisión de los estamentos universitarios en la consulta y era contrario a lo que dictan los estatutos de la institución. La comunidad académica ganó el pulso a los sectores hegemónicos del Alma Mater.

La llegada de Leopoldo Múnera a la rectoría de la Universidad Nacional abre un debate sobre el sentido de la academia, la democracia y la autonomía en la educación superior en Colombia. A pesar de que la autonomía siempre ha sido un principio, las universidades públicas se han convertido en botín de los sectores políticos y económicos que aprovechan para beneficiar sus reducidos círculos, a costa del bienestar general que es el deber ser de este tipo de instituciones. Las universidades son disputadas porque se manejan recursos considerables y clientelas que favorecen a los gamonales en épocas electorales. De esta manera, los fines misionales de la universidad, referidos al desarrollo académico desde una perspectiva ética y humanista, son olvidados por las administraciones que conciben la educación superior como empresas que deben concentrar los esfuerzos en la producción de capital. No se considera la necesidad de transformar los procesos de enseñanza de acuerdo con las condiciones del entorno y se confía excesivamente en la inercia de la costumbre. La autonomía universitaria es un anhelo urgente por concretar en los claustros. Lo que ha planteado el nuevo rector de la Nacional es que comienza un proceso constituyente para pensar y cambiar la estructura universitaria, de manera que el conocimiento sea pertinente para los problemas del presente.

Lo ocurrido en la Nacional evidencia que se deben construir escenarios propicios para que las comunidades académicas puedan ser parte del rumbo de las universidades públicas. Comienza un proceso constituyente. La Universidad de Nariño ha avanzado en formas de cogobierno universitario. ¿Será que los otros claustros serán capaces de ponerse a tono con una reingeniería normativa y política? ¿Las comunidades académicas tendrán la capacidad de emprender proyectos constituyentes? ¿Seguiremos en la inercia de comenzar y terminar clases cada semestre? Es hora de reactivar las discusiones entre estamentos para transformar una educación que no ha estado a la altura de los retos del país, pero que cuenta con potencialidades importantes para aportar en la construcción de sociedades más pacíficas y democráticas.