La Nación
“La violencia es siempre derrota” 1 17 abril, 2024
ENTREVISTA

“La violencia es siempre derrota”

Con motivo de la Semana Santa, el obispo de la Diócesis de Neiva, monseñor Marco Antonio Merchán, llama a un “diálogo desarmado” ante el clima de violencia que vive el Huila y el país. “La paz total o la gran paz que tanto deseamos, está conformada por las pequeñas paces”, dice. Atribuye las extorsiones y atentados terroristas en la ciudad a “la búsqueda enfermiza de la riqueza”.

Jesús Antonio Rojas Serrano

editorgeneral@lanacion.com.co

Monseñor Marco Antonio Merchán tiene al frente la primera Semana Santa como obispo de la Diócesis de Neiva. El prelado de la Iglesia Católica reflexiona con LA NACIÓN sobre sus primeros 10 meses en la ciudad, su relación con los casi 100 sacerdotes que tiene a cargo, los días santos y el clima de violencia regional y nacional.

A casi 10 meses de estar al frente de la Diócesis de Neiva, ¿cómo le ha ido?

Llegué a la ciudad de Neiva con una cantidad de incertidumbres. Venía de una diócesis rural como es la Diócesis de Vélez y llegaba a una diócesis urbana; allá era una diócesis pequeña con cerca de 35 sacerdotes, aquí casi son 100; allá tenía 33 parroquias, aquí 66. Para mí ha sido una oportunidad bonita. Me he sentido muy contento en la Diócesis de Neiva. Poco a poco, la voy conociendo; me faltan una o dos parroquias por visitar. He ido conociendo las realidades de cada parroquia, los sacerdotes y cada comunidad. Me encuentro con un Huila con una fe muy viva; el calor de Neiva se expresa también en el corazón, en la acogida que le brindan a uno y al mensaje de Cristo.

Comparando otras regiones del país, ¿qué tan católicos son los huilenses?

Jesús Antonio, las comparaciones son odiosas. No vale la pena comparar porque cada uno tiene su propia identidad. Yo encuentro muchas similitudes del Huila con Boyacá. Boyacá es una zona muy religiosa y aquí encuentro lo mismo. Me dicen que el sur del Huila es todavía más religioso y yo digo: debe ser impresionante porque si aquí en Neiva se siente la fe con tanto fervor, significa que en el sur es una cosa asombrosa. La identidad del huilense es de ser una persona de fe, trabajadora y echada para adelante con el deseo siempre de construir y de ayudar en los proyectos comunes que tenemos.

Administrativa y financieramente, ¿cómo encontró las parroquias?

En Santander, tenía parroquias en las que el sostenimiento del párroco no era tan fácil; debía salir a las veredas y la gente le ayudaba, no con dinero, sino con plátano, yuca, pollo y carne. Aquí es una realidad aparentemente distinta, pero prácticamente igual. He recorrido los distintos centros poblados lejanos; he estado en Ospina Pérez y San Luis, centros poblados con una comunidad llena de un fervor especial y en los que el sacerdote tiene un liderazgo. El sacerdote es el consejero, el juez, el médico y el papá en tantas situaciones. Pienso que es una riqueza de nuestra Iglesia y es una posibilidad de ejercer nuestro ministerio en plenitud.

¿Cómo ha sido la relación en estos 10 meses con los sacerdotes?

Muy bien. Yo no vine aquí con un programa como el obispo antiguo que llegaba con el báculo y golpeaba como si fuera la varita mágica de Harry Potter para que todo se hiciera. Yo estoy aquí con una actitud de servicio y de diálogo. Mi metodología ha sido fundamentalmente escuchar. El Papa Francisco nos insiste mucho en eso; necesitamos aprender a escuchar muchísimo; hoy todos quieren hablar, pero pocos tienen esa capacidad de escucha. Desde la creación estamos hechos de una manera muy sabia: tenemos dos orejas, pero una sola boca. Eso significa que si seguimos la ley de la naturaleza tendríamos que escuchar el doble de lo que hablamos. He venido escuchando a los sacerdotes, conociendo la historia de cada uno; es gente que se ha gastado la vida al servicio del Evangelio en cada una de las comunidades, con falencias, con pecados porque no somos perfectos, pero siempre buscando construir, aportar y servir. Escucharlos a ellos me hace sentirme pequeñito; casi que yo tendría que quitarme el sombrero después de todo lo que ellos han vivido y han hecho. Y desde esa escucha, se pueden tomar mejores decisiones. Ese es mi estilo y así intento hacerlo con los sacerdotes.

“La violencia es siempre derrota” 7 17 abril, 2024
El obispo de Neiva en conversación con el editor General de LA NACIÓN, Jesús Antonio Rojas Serrano.

Monseñor Merchán, ¿qué planes tiene la Diócesis de Neiva para estos días santos?

Jesús Antonio, el Papa nos ha dicho que la Semana Santa es una época para salir al encuentro de Cristo, para salir al encuentro del hermano. A él le gusta mucho esa palabra: salir. Eso significa que no nos podemos quedar aquí apoltronados esperando que vengan hacia nosotros, sino ponernos en movimiento, de ir hacia los demás. Salir al encuentro con Cristo, es la invitación para todos los fieles católicos. Las celebraciones, procesiones, el viacrucis, orar ante el Santísimo, la celebración de la Pascua, serán momentos muy especiales para vivir nuestra fe. Solo Cristo conoce el corazón del ser humano; debemos permitirle a Él que nos hable; quizás, esa palabra que le escuchemos será la clave para solucionar tantas situaciones que en nuestros corazones vivimos y de las que a veces no encontramos una solución rápida. La Semana Santa es también para salir al encuentro con el hermano; es una semana para vivir la caridad, la fraternidad, el perdón y la solidaridad. Hay tanta gente –incluso, en la puerta de al lado—que está viviendo una realidad difícil y la indiferencia no nos permite verla. Que en esta Semana Santa podamos abrir los ojos para ver esa realidad y compartir desde nuestra pobreza. A veces, una sonrisa, un saludo, un plato de comida, es capaz de transformar un hecho doloroso en algo más llevadero.

¿Cuál será su mensaje en el sermón de las 7 palabras?

En el sermón de las 7 palabras el que nos habla es Jesús. Y lo hace a través de esas últimas palabras que han pasado a la historia y que siempre tienen algo que decirle al ser humano. Es un mensaje, por ejemplo, de perdón: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. Eso nos debe llevar a pensar en nosotros; la paz total o la gran paz que tanto deseamos, está conformada por las pequeñas paces, las cuales están en cada corazón. Un corazón reconciliado se vuelve instrumento de paz para los demás y aportará en la construcción de esa gran paz que tanto anhelamos. En cada palabra del sermón de las 7 palabras, encontraremos siempre un mensaje que nos lleva a la fraternidad, a la paz y a dejar atrás la violencia. La violencia es siempre pérdida, la violencia es siempre derrota. No podemos permitir que la ambición y los deseos de riqueza se conviertan en los dioses del mundo moderno. El dios dinero, el dios ambición, el dios orgullo, el dios prepotencia, nos está llevando a sacrificar seres humanos; nos está llevando a la muerte y a tantas situaciones dolorosas. Nuestro Dios es el dios de la vida, el dios del respeto, el dios de la dignidad, el dios de la fraternidad. El único sacrificio que Dios nos pide es un sacrificio de amor.

¿Qué opinión tiene del momento difícil que está viviendo el país y el Huila por cuenta de la alteración del orden público?

En el año de 1963, el Papa San Juan XXIII intervino en la Guerra Fría. Estaban ya los portaviones listos en Cuba, de un lado Rusia y del otro lado Estados Unidos, cada uno tratando de defender con los dientes lo que creían era propio. Y el Papa en un momento en el que prácticamente se desataría una III Guerra Mundial, logró en una sola noche frenar esa guerra hablando con los mandatarios de ambas naciones. En respuesta a ello, escribió una Encíclica muy famosa, Pacem in terris, que significa Paz en la tierra. Él decía que la paz se construye sobre cuatro pilares: la verdad como fundamento, la justicia como regla, el amor como motor y la libertad como clima. En Colombia estamos viendo la mentira, la cual no siembra paz. La búsqueda enfermiza de la riqueza genera violencia. La defensa de unos intereses de algunos en detrimento de los intereses de los otros, siembra injusticias, resentimientos, odios, celos, deseos de venganza y un ambiente de no libertad, que vemos con las extorsiones y las explosiones que se están registrando por estos días en Neiva. Cuándo entenderemos que todos somos hermanos, que somos hijos de un mismo Padre.

Monseñor Merchán, pero, ¿ve posible la paz total?

Es un proceso. Quizás, nunca llegaremos a la plenitud, pero deberíamos iniciar, hacer algo para que este ambiente que estamos viviendo sea un poco más pacífico, más fraterno. La gran paz que todos queremos, se construye con la pequeña paz de cada uno, cada corazón, cada institución, cada escuela, cada organización, cada comunidad. Si somos instrumentos de paz y sembramos paz, haremos posible que el mundo sea un poquito distinto.

¿Cómo hacer para que este mensaje le llegue al gobierno nacional y a los grupos ilegalmente armados?

No existe otro camino que el del diálogo, pero un diálogo desarmado; desarmado no tanto de armas físicas, es desarmado de todo lo que hay en el corazón. Si yo me siento con alguien a dialogar, pero voy predispuesto contra usted, ese diálogo ya no es diálogo. En cambio, si yo dejo la predisposición, me desarmo y busco acoger lo que dice el otro, puedo descubrir que tiene razón en muchas cosas. Necesitamos un diálogo confiado, abierto, respetuoso y donde cada uno tiene el mismo valor.