La Nación
Más economía del comportamiento 1 28 mayo, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

Más economía del comportamiento

Ante la situación que enfrentan los bogotanos en materia de escasez del recurso hídrico más preciado en sus represas o reservorios y, que los tiene al borde de un racionamiento de agua escalonado por sectores y de sanciones para quienes no acaten las medidas propuestas por el alcalde mayor; no queda otra que modificar comportamientos por parte de los ciudadanos afectados para evitar que las consecuencias sean mayores o peores. Pero no solo en este referente. En diferentes aspectos, debemos modificar conductas. Sólo que el tema de racionamiento de agua es un ejemplo perfecto para indicar la importancia de la modificación del comportamiento.

Desde hace un tiempo se ha venido trabajando en poner atención y cuidado en la forma como las personas toman sus decisiones y estas son aprovechadas con ciertos empujoncitos que se impulsan por parte de la institucionalidad a mejorar en un tema determinado. Incluso, hasta para que se paguen los impuestos sin tanto dolor. Los alcaldes, gobernadores y los funcionarios que los acompañan, están llamados a volverse expertos en economía o ciencia del comportamiento. Con ello, todos sus programas, proyectos, planes y políticas públicas que empiecen a diseñar e implementar, una vez les aprueben las cartas de navegación de cada municipio y de los departamentos, sean estos mediados, dirigidos e intervenidos con la caja de herramientas y mecanismos que la misma prevé. Esta experticia, facilitará modificar preferencias que las personas en general tienen y que están ligadas, por un lado, a las aversiones a las pérdidas, el cortoplacismo, la sobrevaloración, impaciencia, acciones de reciprocidad, sesgos y normas sociales descriptivas y prescriptivas que lo limitan al tomar decisiones.

Por el otro, permite intervenir de manera sutil en sus creencias marcadas por el exceso de confianza cuando sobreestima o exagera su propia capacidad para adelantar de manera satisfactoria una tarea determinada. O cuando se peca por optimismo, al subestimar la probabilidad de eventos negativos y se sobreestima la probabilidad de eventos positivos.

Así mismo, cuando se cae en la tendencia a evaluar la probabilidad de eventos inciertos, basándose a menudo de manera errónea, en la similitud entre eventos o personas (por estereotipos). Desde otro ángulo, contribuye en el procesamiento de la información para que se guíe en la comprensión del encuadre (marco o framing) cuya tendencia lo lleva a sacar conclusiones diferentes dependiendo de cómo se presenta la información. O sencillamente, con factores que incomodan (hassle factors) y se termina actuando de acuerdo con sólo intenciones dado pequeños factores o inconvenientes que estorban e incomodan la decisión. De la misma forma, cuando se actúa en atención al pensamiento automático vs el reflexivo, controlado o deliberado. A veces la decisión obedece a temas sobresalientes (prominencia-salience) o se actúa por otra acción. Así las cosas, la toma de decisiones exige recordatorios, micro-incentivos, herramientas de planificación y opciones predeterminadas que esta ciencia nos brinda para la modificación de comportamientos y mejores políticas públicas.