La Nación
Monseñor 1 25 junio, 2022
COLUMNISTAS

Monseñor

Álvaro Carrera Carrera

 

A nuestro ilustre y querido obispo Casas, al igual que la Iglesia de esta época, le ha correspondido lidiar con otro tipo de enemistades, como no los tuvo por ejemplo, el famosísimo obispo Rojas de Garzón, en los comienzos del siglo XX. Las herejías y el ateísmo que se rebelaban contra los dogmas y el control desde el púlpito de las almas, era la preocupación del clero en la vieja época. El liberalismo y la libertad de conciencia, competían con el poder del clero. Los comunistas de aquella época, ostentaban el ateísmo. Hoy, la doctrina marxista del opio del pueblo, es predicada en un tono casi imperceptible. La izquierda radical, hace todo lo posible por una alianza con el rito católico que le dé frutos políticos. La prédica de la lucha de clases, ha desplazado el Credo de los viejos sacerdotes en las academias, en las entidades culturales y educativas del Estado. No me parece exagerado afirmar que el dogma marxista es la nueva religión que predomina como cultura oficial. Mientras la Iglesia evolucionó hacia la tolerancia y el respeto a las ideas contrarias, a pesar de ello, se le sigue señalando como objetivo para combatir. No se respeta esa parte de la interioridad que es el sentimiento místico, que con todos los errores del pasado, siempre ha cumplido un oficio de sosegar la ansiedad de los humanos, de presentar válidamente una visión del universo (creacionista). Válida, cuando el humano ha aprendido a separar la emoción religiosa, intima, de las normas de convivencia del Estado laico. Más absurda, la defensa que se les escucha de la cultura musulmana a los radicales y “progresistas” de la extrema izquierda; la presentan como una respuesta válida a Occidente, o al dominio capitalista. Un libro sagrado como el Korán, que predica en suras que es piadoso matar al infiel, que es Dios el que mata, no es un aliado ingenuo para liberar la humanidad de sus dolencias ni de su alienación. No tengo un temperamento místico, pero me preocupa cuando veo la dificultad de nuestro obispo, de los dirigentes eclesiásticos y el mismo Papa Francisco, para responder a las nuevas formas de ataques contra una fe que bien o mal, nos dio consistencia e identidad como Estado. Las creencias de nuestros padres y abuelos, pueden ser reemplazadas, paradójicamente, por oscuros fanatismos. No es la libertad de conciencia y pensamiento liberal, la que está reemplazando el viejo misticismo. Son fórmulas populistas que ofrecen paraísos, cielos e infiernos.