La Nación
No todo está perdido 1 23 junio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

No todo está perdido

La sensación que se recibió de los grandes medios de comunicación de masas, unas horas después de concluidas las elecciones regionales del pasado 29 de octubre en Colombia, era que las grandes maquinarias y los clanes politiqueros del clientelismo y la corrupción, habían arrasado con todos los cargos y puestos de elección popular que estaban en disputa. En Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, las 4 cuatro ciudades más importantes del país, al igual que en sus respectivos departamentos, triunfaron las coaliciones en torno a clanes de la política tradicional, algunos de ellos con serios procesos penales en su contra. Aunque es cierto que mayoritariamente el poder político local y regional (alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas) se mantuvo en manos del gamonalato tradicional muy ligado al clientelismo y la corrupción, eso no puede ocultar los fenómenos renovadores y de fortalecimientos democrático que se observaron en algunas regiones del país.

Los cambios económicos, sociales, políticos y culturales, en sociedades atrasadas como la nuestra y gestados mediante luchas democráticas pacíficas, con respeto de la institucionalidad vigente, tienen procesos de maduración y desarrollo más lentos de cuanto quisieran algunos de sus líderes. Eso está pasando en nuestra nación. Hay que decir que buena parte del poder local y regional se mantiene en las élites tradicionales, incluso en instituciones que dependen de este gobierno de izquierda, el cual ha sido muy paquidérmico en gestar los cambios administrativos para dotarlas de cuadros directivos que entiendan y promuevan las reformas gestadas a nivel nacional.

Dos casos regiones donde se ganaron las actuales elecciones, tanto de gobernación, como de capital departamental y de una parte significativa de las alcaldías municipales, son Magdalena en la Costa Atlántica y Nariño en el sur del país. Dos movimientos políticos departamentales, vienen desde hace más de una década, liderando cambios democráticos<: los Inconformes en Nariño y Fuerza Ciudadana en el Magdalena. El actual triunfo es una demostración de la madurez de estos procesos. Los otros 30 departamentos deberíamos estudiar seriamente la historia política de estas dos experiencias.

Aunque en el Cauca, el Pacto Histórico no alcanzó el triunfo, si obtuvo un significativo avance electoral siendo la segunda fuerza política a muy corta distancia del ganador, y en Popayán la tercera, bastante cercana de los dos primeros. El caso de Tunja, donde ganó la alcaldía Mikhail Krasnov, un ruso que llegó a la ciudad hace 15 años, en un convenio académico, se quedó a vivir en ella y hoy ha triunfado liderando un movimiento democrático, sin maquinarias ni caudillos tradicionales, es también muy relevante y aleccionador.

En el Huila al Pacto no le fue tan mal como algunos hubieran querido. Pero este tema será el análisis de mi próximo artículo.