La Nación
Orfeo y la música 1 17 abril, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

Orfeo y la música

Orfeo, según la mitología griega, es el hijo de Apolo y Calíope. Apolo, hijo de Zeus y Leto, es una de las divinidades olímpicas más importantes; es el artífice de la hermosura en el cosmos, dicen que sin sus oficios la vida de los humanos se hubiera reducido a los ciclos naturales de la existencia. La deidad representa atributos como la música, la poesía, la belleza, la proporción y la mesura; sin estos el devenir del mundo hubiera resultado insípido y carente de sentido. Por su parte, Calíope era la musa de la poesía épica que le cantaba a los héroes y a los dioses que habían cometido todo tipo de proezas.

Apolo, representado por el arco y la flecha, conoció la lira gracias a que Hermes se la dio a cambio de no ser castigado luego de robársele un rebaño de bueyes sagrados. El instrumento creado con un caparazón de tortuga y unas cuerdas sería el regalo a Orfeo, uno de sus hijos, quien se convirtió en el mejor interprete. La música emitida por la lira reproduce los sonidos del movimiento de la naturaleza: las olas del mar, el viento, el latido de los corazones, los ecos de las montañas. Cuando alguien escucha los acordes de Orfeo entra en una especie de trance en el que el tiempo se detiene, las labores cotidianas se suspenden para dar paso a la contemplación; las angustias y los pesares desaparecen por unos instantes. Al prestar atención a las interpretaciones de Orfeo las fieras se reúnen con sus presas sin atacar ni huir. Los asesinos y los criminales más crueles detienen sus ardides para caer en un trance y quedar embelesados con las melodías que brotan del instrumento musical y del canto del dios. Los avaros olvidan su necesidad de riqueza, aquellos que envidian y odian dejan de lado sus inquinas, los melancólicos recuperan la esperanza y el gozo. Cuando termina el concierto, el hechizo no cesa; fieras, presas, asesinos, melancólicos, avaros, envidiosos, todos, se van con sus espíritus trastocados por el efecto de la música.

Imaginar a Orfeo como símbolo de sociedades más pacíficas es importante. El acceso a la cultura y a la educación para todos los ciudadanos puede ser una alternativa para las sociedades del presente, incapaces de resolver problemas ligados a la exclusión, a la desigualdad y a la violencia. Las agendas de los técnicos de las políticas públicas aún no han sido tocadas por los recitales órficos y, por eso, insisten en soluciones inútiles e ineficaces. Necesitamos dirigentes políticos que vean en el conocimiento y la cultura un camino ineludible para el bienestar y cuidado de la vida.