La Nación
Por un país sin odio 1 21 febrero, 2024

Por un país sin odio

Pasó una semana difícil en Colombia, llena de hechos y noticias. Algunas desafortunadas, como la confirmación de la pérdida definitiva de la sede para Barranquilla de los Juegos Panamericanos, en donde pierde no solamente la Costa, sino toda Colombia al dejar ir una magnífica oportunidad de mostrarse internacionalmente más allá de la estigmatización de las drogas y la violencia de las que somos noticia frecuente. Al final, como dice el libro, la culpa fue de la vaca, porque el actual y el anterior gobierno se lanzaron reproches de la pérdida, pero nadie salió a reconocer sus errores. Mientras tanto se fragua la moción de censura en el Congreso contra la Ministra del Deporte, lo que le costaría la cabeza. Al parecer la Ministra va a salir del gobierno antes de dicho debate.

También se vio la encerrona que vivieron los magistrados de la Corte Suprema de Justica en medio de las protestas por el aplazamiento en la elección del Fiscal, hechos que amenazan la separación de poderes y la garantía de pesos y contrapesos necesarios en una democracia. Se vive un ambiente enrarecido que se genera por la constante confrontación entre defensores del Gobierno Petro y la oposición, o mejor, cualquiera que se atreva a pensar diferente o a cuestionar las decisiones que se toman por el Presidente y sus ministros, no importa si son acertadas o no. Y es que en este país se volvió objetivo de ataques y descalificación todo aquel que piense distinto, algo que criticaba anteriormente el progresismo.

En Colombia se sienten los mensajes contradictorios del Gobierno, mientras poco se habla de lucha contra la corrupción. Se da el nombramiento de Benedetti en la embajada de la FAO, la permanencia de Laura Sarabia en el Gobierno, la demora en acatar la decisión de la Procuraduría de alejar del cargo por tres meses al Canciller Leyva mientras se surte la investigación por el caso de los pasaportes, hechos que deslegitiman la gestión.

Parece que llenar de odio y resentimiento es el camino a seguir en Colombia. Perseguir y deslegitimar a los que piensan distinto, olvidando los principios de respeto y tolerancia por la diferencia.

Razón tiene Mariana Mazzucato, asesora del Gobierno, al afirmar en una entrevista para el periódico El Tiempo publicada hace una semana, que el progresismo no va con el odio, más bien lo que se necesita en Colombia es unir al sector público con el privado, sacar lo mejor de cada uno y crecer al unísono sin acabar con el otro, para poder solucionar el atraso y la pobreza que se vive. Ojalá y la escucháramos mucho más, para que el primer gobierno que se dice ser progresista en Colombia demuestre que en el ejercicio del poder a veces es mejor ceder en la búsqueda de los objetivos de un mejor vivir, y lograr consensos que unan a todo un pueblo. Colombia sigue por ahora en el terreno de la confrontación y el odio, mientras se habla mucho, pero se ejecuta poco.