Puerto Cucamba 1 16 febrero, 2020
COLUMNISTAS OPINIÓN

Puerto Cucamba

Albeiro Castro Yépez

Navegar por el río Magdalena siempre ha sido experiencia agradable, emocionante, activa todos los sentidos y sensaciones, especialmente las combinaciones del calor tropical con el frío del agua, el silencio del entorno con el murmullo del discurso del agua y otras que son indescriptibles. Experiencia que también se vive en el trayecto de Neiva a Fortalecillas, un tramo apacible con algunos sobresaltos en los esteros y rápidos que animan la jornada, manteniendo vivo el anhelo de llegar a degustar los deliciosos bocados de achira.

Luego de recorrer tan solo ocho kilómetros, surge en el recodo del Venado un inmenso y hermoso manso, lugar donde al costado derecho se ha construido el Puerto Cucamba, un sitio alterno de la ruta, que le permite al navegante descansar o retornar a Neiva o continuar a Fortalecillas en otro medio de transporte. El Puerto cuenta con rampa de acceso, pilotes para asegurar las canoas o lanchas, y por supuesto servicios sanitarios, adicionalmente se articula a la via Neiva-Fortalecillas. Vale decir que allí, funciona el restaurante Desert Gate, un sitio que ha creado tres espacios a los que ha denominado como: esterilla, tambora, chucho y marrana nombre de los instrumentos musicales que conforman la cucamba básica del rajaleña, conjunto que inspiró la denominación del puerto. La pasión por el rajaleña no es casual, es una tradición familiar que los Celada traen desde la época en que integraron el Grupo de Rajaleñas Matambo.

Con el ánimo de hacer realidad el espíritu de la economía naranja, han integrado a los servicios de puerto y de restaurante un taller de artesanías pensado para la elaboración de los instrumentos que conforman la cucamba y en general los que utilizan para interpretar bambucos y rajaleñas. Llama la atención el espíritu pedagógico, pues, el turista podrá disfrutar de un variado menú de actividades culturales, entre ellas, aprender a elaborar instrumentos musicales, así como, interpretar rajaleñas bien como músico o como cantante de coplas repentistas. Desde el ámbito de las actividades de contacto con la naturaleza, el visitante podrá extasiarse con la belleza del paisaje del río Magdalena contemplándolo desde el Mirador, un sitio ideal para los amantes a la captura de imágenes fotográficas; para quienes disfrutan de la pesca artesanal el sitio les resultará ideal, pues el manso, permite el uso de cuerdas y cañas pesqueras; otras alternativas son la observación de avifauna, pues allí, suelen llegar patos aguja, criollo, Martin pescador y aguiluchos en busca de su ración cotidiana, pero también es frecuente la llegada de tangaras; para quienes tienen paciencia, podrán disponer del tiempo necesario para contemplar las tortugas que al despertar la tarde retozan en la playa. En suma, la Ruta de la Achira ya cuenta con un puerto intermedio que brinda seguridad y servicios logísticos al navegante.

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