La Nación
Que viva la contemplación 1 18 junio, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

Que viva la contemplación

El credo liberal se impregnó en lo más profundo del alma de la sociedad. Lo enunciamos y lo practicamos sin ser muy conscientes de esto, queremos ser productivos en todos los sentidos de la vida. Las necesidades se convierten en el centro de la existencia y ese hacer por hacer se convierte en un modelo que se impone. La doctrina es tan efectiva que el descanso y la contemplación de la realidad son un pecado capital en estos tiempos; se sataniza a quien reflexiona y cuestiona el estado de las cosas porque se cree que pensar es no hacer nada. Por el contrario, cuando entramos en un proceso de rumiar las ideas estamos en realidad muy activos.

Fueron muy famosos los discursos de Álvaro Uribe Vélez en los que decía que a Colombia la estaba matando la pereza y que por esto había que recortar la jornada de sueño. El mensaje contenía el dogma neoliberal y rezaba que no estamos en el mundo para pensar, sino para laborar e intentar sobrevivir en una cotidianidad agreste y competitiva. El Estado se ha configurado teniendo como fundamento este estilo de vida y hemos asumido que solo debe garantizarnos los derechos más básicos. Los ciudadanos reclamamos habitualmente a las instituciones garantías de lo más elemental de la vida: salud, vivienda, trabajo, educación. Pocas veces, en este siglo XXI, se escucha que el Estado es en esencia una institución que debe promover el gasto cuando se trata del bienestar integral de los ciudadanos; los recursos públicos son elevados, pero la mayor parte de estos se diluye en los intersticios de la burocracia y la corrupción; al final, llegan las migajas para repartirlas entre una mayoría sumida en las cadenas de la desigualdad y la pobreza. Cuando se asume la tacañería como norma pública se defiende la lentitud de las reformas, entra el miedo a perder lo que nunca se ha tenido y por todas partes resuena el llamado a la cautela; se producen incluso contrarreformas antes de las reformas como, por ejemplo, lo que ha venido sucediendo con la iniciativa del actual Gobierno para transformar el sistema de salud colombiano.

Las lógicas autómatas de las instituciones llevan a los sujetos a actuar de forma irreflexiva. Quizá hace falta un poco más de contemplación para comprender una realidad que abruma porque va a una velocidad arrolladora. Lo contemplativo, que puede parecer para gente ingenua o idealista, está en el centro de las grandes revoluciones sociales. Pero claro, lo olvidaba, hoy no se pueden hacer revoluciones, solo reformas.