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INVESTIGACIÓN

‘Reabran la investigación. Crimen de ingeniero Carlos Forero sigue impune’: única condenada

‘Reabran la investigación. Crimen de ingeniero Carlos Forero sigue impune’: única condenada 1 30 marzo, 2020

‘Reabran la investigación. Crimen de ingeniero Carlos Forero sigue impune’: única condenada 2 30 marzo, 2020La única mujer condenada e implicada como coautora del asesinato del ingeniero neivano Carlos Felipe Forero, habló desde la cárcel con LA NACIÓN. Entregó detalles del crimen, le pidió a la Justicia reabrir la investigación y encontrar a los verdaderos responsables de su homicidio. Confiesa que vio cómo mataron al joven, y su único pecado fue callar, por temor a que la asesinaran.

 

Libia Yiceth Polanía Durán tiene 23 años, corta estatura, curveado cuerpo, ni un centímetro de boba. Está recluida en la Cárcel de Garzón. Permanece presa, señalada de coautora del crimen de Carlos Felipe Forero, joven neivano, ingeniero de El Quimbo, asesinado en octubre de 2011 sin explicación, un homicidio convertido en un rompecabezas que aún no se completa. Y que solo tiene ‘enjaulado’ a uno de los cuatro testigos o responsables del crimen: ella, condenada a 19 años de prisión, una pena que considera injusta, desproporcionada porque vio, estuvo presente cuando asesinaron a Forero, pero no lo mató, según dice.

A él lo asesinaron en Gigante, lo golpearon en su cabeza, le robaron su camioneta, algo de dinero, amarraron sus pies con una piedra y lo lanzaron al río. Estuvo desaparecido. Días después apareció flotando en el río Magdalena.

Libia no era su novia, sí su amiga, y terminó con el ingeniero en el sitio del crimen. Él lloraba, pedía que no lo mataran, pero no corrió con suerte. Alejandra -‘La Gringa’, una prostituta que huye de la Justicia y amiga del joven-, lo falseó, terminó convertida en su asesina. Detrás de las rejas, donde deberá permanecer hasta cuando llegue a los 40 años, Libia pide reabrir la investigación. Confiesa que los responsables del crimen están libres, huyen de la Justicia. Y ella, cuyo error fue callar y no denunciar a tiempo, está privada de su libertad.

¿Por qué tiene interés de hablar después de su condena?
Llevo 17 meses detenida, no encuentro una salida, he enviado derechos de petición a todas partes y no encuentro buenas respuestas. Quiero que me ayuden, que me colaboren para revisar mi proceso porque no solamente estoy incriminada, me tienen condenada por el crimen y hay gente que aparece en mi sentencia, ellos sí son culpables y andan libres, aquí tienen un payaso. Me vulneraron mis derechos, no conté con una ficha técnica idónea para que me defendiera. Hubo demasiadas irregularidades en mi sentencia.

¿Por ejemplo?
Para las tres personas más incriminadas y que aparecen en mi sentencia no ha habido Ley. Otro dato: el médico legista, quien dice cuándo murió el ingeniero, cuenta que falleció el 5 de octubre y fue el cuatro, yo viví los hechos. No se investigó, no hay un acta que me incrimine por homicidio. Mi único error es que debí denunciar, pero por miedo me quedé callada. Necesito que investiguen, que reabran el proceso e indaguen de fondo.

¿Cuándo conoció a Carlos Forero?
El 18 de septiembre de 2011 en un Car Audio, me lo presentó Alejandra, una joven de Gigante de mala reputación. Yo estaba recién llegada de Bogotá al municipio, fuimos amigas del colegio, pero nunca llegué a pensar que el pasado de ella estuviera marcado por la delincuencia, prostitución, vicio… Con Carlos Forero nunca fuimos novios, nunca tuvimos una relación sentimental. Ella me lo presentó el 18 de septiembre, ese día compartimos con tres personas más (Alejandra, él y dos amigos más de El Quimbo). Ese día, a las 6:00 p.m. ella me dejó en mi casa. El ingeniero vuelve y me invita a salir ocho días después a Garzón, estuvimos los dos solos en una taberna al frente de la bomba, permanecimos tres horas hablando, me preguntó en qué trabajaba, que me iba a ayudar a trabajar en El Quimbo como paletera, yo le dije que sí, nos devolvimos para Gigante, yo llegué a mi casa. El 27 de septiembre recibí otra llamada de él a invitarme a Garzón a celebrar su cumpleaños (los cumplía un día después). Fui la primera persona que le di el feliz cumpleaños, pero aclaro, con él ni siquiera nos dimos un beso. Ese día supe que vendría a Neiva a celebrar con su familia. No lo volví a ver más hasta el 4 de octubre, día de su asesinato.

¿Y esa noche qué ocurrió?
El 4 de octubre a las 8:00 p.m. me encuentro al ingeniero en el parque de Gigante, me dice que le llevara la hoja de vida, le dije que sí, fui a mi casa, recogí la hoja de vida, me encontré en el parque a Alejandra (la que lo asesinó), me preguntó para dónde iba. Le dije que iba para donde el ingeniero Carlos a dejarle la hoja de vida, ella me acompañó. Llegamos al apartamento donde él vivía y estaba acompañado con un compañero de trabajo, nos invitó a seguir, nos ofreció gaseosa, seguimos hablando, me recibió la hoja de vida. Y a las 9:30 p.m. nos dijo que nos iba a dejar a nuestras casas, nos dejó y media hora después volvió a mi casa y me dice que si vamos a Garzón a rumbear los tres (él, Alejandra y Libia), le dije que bueno, que no nos demorábamos. Íbamos para Garzón, en la zona conocida como La Honda, Alejandra hace desviar la camioneta, le dice a él que nos tomemos media de aguardiente en el Mirador. Llegamos al sitio, hablamos, nos tomamos como tres tragos de aguardiente. De repente vimos una sombra al lado de la camioneta y Alejandra dice: ‘empezó la fiesta’. Inmediatamente se nos vienen encima dos tipos (uno es el hijo de un ex concejal de Gigante y el otro había llegado dos meses atrás al pueblo). Él y yo empezamos a correr, yo me caí, él me recogió y al levantarse uno de los hombres le mandó una puñalada en el pecho. Él se cayó, yo arranqué hacia la camioneta porque él mantenía una pistola en el carro, cuando yo fui a recogerla y llegué al sitio de los hechos, vi con mis propios ojos cómo le tiraban la piedra y él suplicaba que ya no más, pero ellos hacían caso omiso. Él les decía que ya, que por favor, que lo dejaran, yo lloraba, gritaba. Le habían propiciado varios golpes en la cabeza con piedras. Uno de los muchachos se me abalanzó, me dijo que me quedara callada, fui a dispararle y la pistola del ingeniero era de mentiras, no funcionaba, era de balines.

¿Qué más pasó?
Alejandra me hizo montar en la camioneta, me empezó a chantajear, me pidió que guardara silencio a lo que había visto, yo le decía que me dejara ir, que yo no iba a decir nada, que yo no iba a denunciar. No hizo caso a mi súplica, me hizo montar a la camioneta con el ingeniero muerto y los otros dos hombres. Al occiso lo montaron en el carro, ni siquiera lo cubrieron. No había retenes de la Policía o sino lo ubican. En la vía Gigante-Garzón se desviaron en el cruce Bengala que conduce hacia el río Magdalena, metieron la camioneta hasta allá, lo bajaron, lo amarraron, le colocaron una piedra en los pies y lo lanzaron al río. Limpiaron la camioneta y se fueron a San Agustín. Yo iba con ellos, me obligaban, no me podía escapar, huir, mi vida estaba corriendo peligro. No podía denunciar, un momento atrás vi cómo le quitaron la vida a un hombre y temía que la mía corriera riesgo. Guardaba silencio. Alejandra no me dejaba hablar, ni siquiera sabía para dónde íbamos, aunque al rato me di cuenta que era al sur del Huila.

¿A dónde llegaron?
A San Agustín, a un hotel, yo no podía conciliar el sueño, me daba miedo que al quedarme dormida me mataran a mí también, Alejandra esa noche estuvo con los dos hombres en el mismo cuarto, fue una sola pieza para los cuatro la que alquiló ella, pero no pude descansar, me daba miedo, no hacía sino pensar. Al amanecer, ella se va con uno de los tipos a ofrecer la camioneta del ingeniero Forero, igual ya la tenía vendida. Al rato llegó con dos tipos en una moto y les mostró la camioneta del occiso que pretendía vender en 30 millones de pesos. El carro estuvo escondido toda la mañana y en la tarde los tipos le iban a cancelar el dinero. Ella se fue hacer negocio con ellos, ya eran las 4:00 p.m., me llama, me dice tómele fotos al carro y tráigalas acá al parque. Ya me estaba incriminando en ese momento, yo estaba con esos tipos al lado, no podía correr, no podía hacer nada. Yo le dije ‘Alejandra, déjeme ir’. Me dijo no. Ellos quedaron en pagarle la camioneta a las 6:00 de la tarde. Salimos al parque de San Agustín, esperamos el dinero pero no llegaron los tipos. Nos fuimos los cuatro -nunca me dejaban sola-, íbamos por la estación de Policía, nos detuvieron unos soldados, nos dijeron que los acompañáramos hasta la estación. Buscaron nuestros antecedentes y nos soltaron. No había denuncia en ese momento ni por la camioneta ni por el occiso, igual yo no podía hablar, denunciar, temía por la vida de mi familia. A un soldado, ella le vendió en cien mil pesos el BlackBerry del ingeniero, con esa plata, pagó el expreso a Pitalito esa noche. Al otro, día me llamó un policía de Gigante apodado ‘El Paisa’, me pregunta si yo estaba con el ingeniero Carlos Forero, le digo que no, que no sé nada de él. No podía hablar. Me dijo que me necesitaban en la estación de Policía. Yo le dije a Alejandra que me dejara ir, que no iba a hablar nada, que se lo prometía por mi hijo. Ella me dijo que si yo hablaba mi familia corría peligro, que no iba a tener compasión. Me dejó ir. Llegué a Gigante y me acerqué, me hicieron unas preguntas. La versión que di no era la real, la cierta, tenía miedo, me dejaron ir. El 7 de octubre encontraron el cuerpo, me hicieron ir de nuevo a la estación de Policía, volví y me presenté, nunca hui del pueblo, ellos sí. Nunca pensé que fuera a salir tan incriminada en esto. Lo único que temía era que al hablar algo le pasara a mi familia y en ese momento por Ley yo era cómplice por guardar silencio. El 29 de marzo de 2012 me capturaron en mi casa. Desde ese día estoy detenida.

¿Alejandra qué decía, mientras movía el cadáver?
Muy fría, no sentía dolor, no le daba pesar, estaba como drogada. La miraba rara, extraña, sus ojos no eran los de ella, era como si gozara del dolor ajeno. Ni siquiera yo entiendo por qué lo mataron, porque nunca fue por matarlo. Lo encontraron con su reloj, cadena, solo le quitaron cien mil pesos en su bolsillo, sus papeles del carro, dos BlackBerry. La camioneta finalmente no fue vendida. Nunca, nunca fue por robarlo. Yo jamás lo llamé a él a extorsionarlo, o chantajearlo o amenazarlo… en mi proceso hay una declaración del papá de él que dice que un mes antes el ingeniero venía recibiendo amenazas, le pedían plata, algo así. Recuerdo que en el carro, Alejandra hablaba de una venganza, decía ‘el que la hace la paga’, pero en el concepto de que no era el occiso el que estuviera pagando, sino por parte de la familia. Igual no pude hablar con Alejandra del tema porque ella desapareció totalmente, sé que la Justicia la está buscando, pero nadie da con su paradero.

¿Por qué se allanó a cargos?
Porque mi ficha técnica no me asesoró bien. Simplemente me dijo: ‘Libia soy su representante, su llamado es a 40 años de prisión, si usted no se allana queda con 40 años y si acepta le quitan el 50 por ciento de descuento’. Yo le decía que era inocente y me aconsejaba que me allanara. Me vulneraron mis derechos, me coaccionaron, nunca me han colaborado. Me allané por miedo, por desconocer lo jurídico, cerré el caso por miedo, por no dejar que investigaran. Aunque yo esté detenida, el crimen aún está impune porque tienen a una payasa inocente en la cárcel. Mi vida está en un círculo vicioso, no encuentro una puerta para poder darle a mi hijo de ocho años ese amor de madre que necesita, él está sufriendo psicológicamente.

Pero la familia del ingeniero Forero también sufre.
Pienso mucho en eso, todas las noches le pido a Dios fortaleza, sabiduría para que algún día me escuchen y yo les pueda contar la verdad de lo que pasó porque ellos en este momento saben que a su hijo lo mataron, pero no saben cómo, cuándo, ni quiénes.

¿Todo lo que me cuenta en esta entrevista es todo lo que sabe o tiene más secretos por contar de este crimen?
Eso es todo lo que sé por el momento, no tengo ni secretos, ni sé más. Aún no sé con exactitud por qué lo mataron.

 

‘Reabran la investigación. Crimen de ingeniero Carlos Forero sigue impune’: única condenada 3 30 marzo, 2020