La Nación
Sospechas e incertidumbres de la seguridad en Neiva 1 17 abril, 2024
COLUMNISTAS OPINIÓN

Sospechas e incertidumbres de la seguridad en Neiva

Definitivamente ha aumentado la inseguridad en Neiva. La crisis es grave y de esa forma debemos afrontarla. La cuestión no es simplemente de percepción ciudadana negativa. Es una realidad oponible a cualquier opinión. Los que vivimos en el centro o en la periferia somos testigos presenciales de los actos delincuenciales que se vienen dando.

La extorsión, la micro-extorsión, el tráfico de estupefacientes y el microtráfico tiene tomada a Neiva.  Nada ganamos con negar esta realidad terrorífica que estamos viviendo, a pocos metros de quienes habitamos en la avenida la toma hemos tenido que soportar en cuestión de dos semanas el acaecimiento de varios homicidios sicariales y el lanzamiento de artefactos explosivos a establecimientos de comercio. Los consejos de seguridad, los operativos policivos (que no se pueden limitar a la operación candado) tienen que ser mucho más efectivos tratando de reconstruir la seguridad y la confianza ciudadana perdida. Debemos reconocer que, en buena parte, la percepción de inseguridad y los hechos delictivos se afianzan en la medida en que el Estado deja de hacer presencia efectiva, en caso de la toma de la ciudad por ciertas mafias que en los últimos tiempos no han tenido el control suficiente.

La teoría de los cristales rotos nos puede indicar lo que está sucediendo en Neiva: Teoría que afirma que cuando en un edificio se rompe una ventana y no se arregla, la propensión a que rompan los cristales de las demás, aumenta aceleradamente. Es tanto el desorden que cuando no se cuidan los detalles, se acaba deteriorando el conjunto. Los ciudadanos pueden propender a la destrucción, cuando el estado no interviene. Los delincuentes habituales inician su carrera profesional con pequeñas cosas. Un hurto, un pequeño robo, una pelea callejera… si no encuentran graves consecuencias, pasan poco a poco a mayores hazañas. Habría que reactivar de forma aun más dinámica el observatorio del delito, la actualización de las recompensas y de los programas especiales de la Policía.

Es bastante preocupante que el terrorismo de baja intensidad se esté tornando como un problema estructural y sistemático. En algunas ocasiones las instituciones gubernamentales tienden a minimizar la situación, hacer ojos ciegos y oídos sordos a este tipo de fenómenos que terminan en una escalada en la que perdemos todos. Los ciudadanos a veces reflejan una percepción de inseguridad con sesgos y ambigüedades, quieren estar seguros, pero no admiten controles y restricciones necesarias. Debemos rodear al alcalde, al gobernador, a la institucionalidad para no dejar perder a nuestro territorio que tuvo en algún momento una vocación pacifica y hospitalaria.