La Nación
Pueblo unido… 1 22 junio, 2021
COLUMNISTAS OPINIÓN

Pueblo unido…

Por: Obert Alejandro Ortiz R

 

Cuando han transcurrido 15 días de protestas y de paro, el pueblo ha identificado dos temas con exactitud. Por un lado, el rol del Estado con su gobierno de turno (como opresor), que sólo ve los heridos, muertos y los hechos cometidos por los manifestantes. Y que mientras pueda o tenga el chance al bajar la marea de las protestas o paro, con los recursos que dispone, medios de comunicación a su servicio, discurso oficial dominante, su conservadurismo, tono de aparente verdad y diálogo, propiciador del orden y la seguridad; se tomará el tiempo que sea necesario para tratar de mantener su status quo (y se dará el lujo de no iniciar las mesas de diálogo). Desde luego que este responde a una élite herméticamente enclaustrada entorno a sí misma, incapaz de juzgar sus propios privilegios y atrapada en un discurso autocomplaciente que se disfraza de una aparente meritocracia y libre competencia. Por el otro, el de los pobres, dueños de nada (como oprimidos), quienes todas sus cartas están en su contra y que tienen claro el funcionamiento de la ley del embudo. En otras palabras, viene a ser la mayoría de este país, por no decir, la totalidad según encuesta reciente del Dane.

Si esta mayoría baja el fervor de las protestas o paro, se debilitan, no logran la unión de sus líderes entorno a una sola voz, no generan unidad de procesos, no impulsa la masiva concentración; será aprovechada en su contra por los primeros. Si se tiene claridad en estos factores, implica tener identificadas las causas del paro. Como también, las salidas al mismo. No es necesario repetir situaciones referidas con la fragmentación de la democracia en cuanto a que los elegidos tienden a buscar siempre su interés personal; la brecha en el liderazgo de los gobernantes y la élite frente a su incapacidad en la superación de las necesidades de los individuos; la acumulación del fastidio del pueblo ante la impunidad y abusos de su clase dirigente; el eterno problema de la propiedad privada que impide a la gran mayoría obtener o satisfacer sus necesidades básicas; el modelo económico copiado e impuesto en particular los postulados de Milton Friedman; los dirigentes o la élite de este país que se quedó opaca y en el confort ante las cifras macroenómicas y microenómicas de los últimos años y no actuaron con astucia frente al aumento de necesidades y problemas públicos; la pandemia mundial que logró dejar al descubierto estos macroproblemas y no vislumbraron el cansancio para esta explosión presentada y que nos tiene en este paro, entre otros aspectos.

En cuanto a la salida o camino a seguir, el protagonismo estará en el liderazgo de las mujeres como garante de la participación, en la sabiduría de los pueblos indígenas que tienen otras visiones, en la inclusión en los diálogos a todos los jóvenes y sectores que tradicionalmente no han participado pero que añoran otros modelos de desarrollo alternativos perfectamente posibles. Lo que uno observa en los históricos procesos constituyentes, es que terminan participando los mismos con las mismas. Y el cambio no se dio. En esta oportunidad, tiene que ser diferente. El reto, no es una ideología. Lo será el hecho de asegurarnos que la salida contemple nuevas reglas, que estas reglas sean amplias para garantizar nuevas formas de vida, participación política y, otros espacios para desarrollarnos.

No solo una forma única en la visión del capitalismo o socialismo o cualquier otro sistema. Sino un modelo donde se respete la diversidad política en todas las esferas (local, regional, departamental, nacional, global), la participación ciudadana y democrática validada según la petición de las mayorías, bien sea mediante un proceso de elecciones o un plebiscito u otro mecanismo de participación amplio. Pero que el elemento diferenciador, sea el involucramiento del pueblo, de las mayorías. No solamente lo acordado mediante representación y a puerta cerrada de los representantes de la élite de siempre en un congreso deslegitimado y por representante de los partidos sin credibilidad. Esta es la oportunidad del pueblo, en muchas décadas. No la desperdiciemos. Otra Colombia es posible.