La Nación
Tiranía de los derechos 1 23 enero, 2022
OPINIÓN COLUMNISTAS

Tiranía de los derechos

Froilán Casas Ortiz

La historia de los derechos humanos es muy larga, sería prolijo remontarme a la noche de los tiempos para traer a la memoria los procesos que han tenido, hasta llegar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por nuestro gobierno en 1948. Nuestra Carta Magna, tan ponderada por muchos, -es verdad que tiene muchas bondades- pero, excúsenme decirlo, tiene muchos vacíos. Comenzando que es tremendamente extensa, 380 artículos. Vean un sencillo dato, la Constitución del país más democrático de Europa, Suiza, tiene solamente 115 artículos.

Aquí se legisló hasta lo que debe comer el gato. No sé por qué no llegamos a la ley del equilibrio. Antes se hablaba casi exclusivamente de los deberes; ahora, nos pasamos al otro extremo, solo se habla de derechos: derechos del niño, del anciano, de los árboles, de los bosques, de las mascotas. ¡Qué ironía! Los animales no matan a sus críos, los seres humanos sí; ahora hay derecho al aborto y hemos cambiado el término para lograr una aprobación social, se llama: interrupción del embarazo. ¡Qué olímpicos no! La Constitución del 91 solo tiene un artículo dedicado a los DEBERES, con nueve ítems; de los cuales dos hablan de derechos. Hoy para todo hay derechos.

Mi derecho me permite invadir el espacio público, poner música a todo volumen, estacionarme en la acera, en la cebra, contaminar el ambiente, etc., etc. Hemos generado una cultura anárquica: cada uno hace lo que le da la gana. Y, cuidado diga algo. La policía se siente sin autoridad, no puede defender al indefenso porque el más potente esgrime sus derechos y resulta judicializado el policía. El educador, la institución educativa no puede exigir, resulta entutelada. Se ha perdido la patria potestad, es el Estado el que regula los derechos de los niños. ¡Qué incoherencia! Se defienden los derechos de los niños, pero a la par, se les puede imponer un “hogar” y, además, puede ser una pareja del mismo sexo. ¡Cómo se quebranta la ley natural! Y, cuidado diga algo, está en contra del derecho a la igualdad. La palabra inclusión ha hecho carrera.

De manera que, si usted es un sinvergüenza y no trabaja, ni estudia, por el derecho a la inclusión debe tener el mismo trato que el responsable y diligente. La tutela se estableció para defender los derechos fundamentales. Ahora, todos son derechos fundamentales. Al gran revolucionario Benito Juárez se le atribuye la frase: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. ¿Cómo usted pide paz, si irrespeta los derechos de los demás? O, emplea la ley del embudo: lo ancho para usted y lo angosto para los demás. ¿Usted, por qué solo pide y no ofrece? Esta mala llamada igualdad nos está llevando a los peores lastres. Excúsenme decirlo: la igualdad es una injusticia. De modo que usted es un estudiante juicioso, responsable, disciplinado y responsable, ¿debe tener la misma calificación que el vago y sinvergüenza? Estamos alimentando una partida de vagos.