La Nación
Creo en un Dios sin límites en su misericordia  1 24 octubre, 2020
ACTUALIDAD

Creo en un Dios sin límites en su misericordia 

El Evangelio de hoy nos presenta el tema de la misericordia de Dios sin límites, y la enseñanza nos la da   con la parábola de la contratación de jornaleros.

 

Padre Elcías Trujillo Núñez

 

 «En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: “Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros”.  Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: “Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”. Pero él respondió a uno de ellos: “Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete.» (Mateo 20,1-16)

 

Unos son contratados a primera hora, otros son contratados a última hora, y trabajan pocas horas. Pero resulta que el sueldo es el mismo. Justificada indignación de los que han trabajado todo el día y quieren recibir más. Que injusticia la que comete el patrón. Pero es que el Evangelio está escrito no en clave de justicia distributiva humana sino en clave de generosidad divina. Todos hemos recibido lo convenido, lo demás es desbordamiento generoso de Dios que hace con su gracia lo que quiere.

No olvidemos que la salvación, el amor de Dios es gratuito. Dios no nos ama porque somos buenos, sino porque somos sus hijos. Los de la primera hora y los de la segunda y última son hijos igual y Dios los trata como a hijos, no por el trabajo que han realizado. Esto tiene consecuencias para nuestra vida humana y de fe. Vivimos en una sociedad donde nada es gratuito, todo tiene un precio, hasta los más nobles sentimientos. Todo se compra y se vende, está sometido a la ley de la oferta y la demanda.

Hemos perdido el sentido de la gratuidad hasta en nuestras propias familias. Todo tiende a hacerse por algún interés o para conseguir algo. Cómo vamos a entender esta generosidad gratuita y desbordante de Dios. Incluso en el terreno de la fe, vivimos una fe de transacción, es decir, para ganar algo, la salvación, el cielo y excluimos a los que creemos que no la merecen. No vivimos el gozo de la fe, ese vivir la fe porque sí, porque es un regalo, un don de Dios, y no una conquista de nuestras buenas obras. Nos vamos a salvar no porque somos buenos, sino porque Dios es Bueno y nos ama y nos salva.

Eso no quiere decir que vale cualquier comportamiento, pero no es nuestro comportamiento lo que determina la salvación de Dios. Dios ama a todos, lo dice el Evangelio, a los buenos y a los malos, a los de la primera hora y a los de la última. Hermosa lección para que vivamos la fe más desde la gratuidad que desde la obligación, más del gozo que desde la reclamación de derechos.

No nos vendría mal en esta semana vivir desde la gratuidad, ofreciendo gratuidad a quienes nos rodean, disfrutando de lo que los demás nos regalan, eso que no tiene valor material, pero que es lo verdaderamente valioso: el amor, la amistad, la familia, el perdón, la solidaridad, la alegría, la fe.  Aprendamos que es esta gratuidad y este amor desbordante lo que paradójicamente cambia y hace felices a las personas, un amor, un perdón que no se ajusta a nuestros esquemas humanos, sino que va más allá de todas nuestras previsiones humanas, o mucha más de nuestros condicionamientos humanos.

Nota: Le invitamos a seguir las celebraciones eucarísticas cada domingo a las 7 am, a través de Facebook live Citynet Timaná, y la Televisión local Ategaitana. 

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