Villa Magdalena: 17 años sin perdón, ni reparación 1 16 febrero, 2020
HUILA

Villa Magdalena: 17 años sin perdón, ni reparación

Carol Medina Soto

neiva@lanacion.com.co

Un gran libro hecho en bronce con letras negras, que se han desteñido con el paso del tiempo, reposa en la entrada del barrio Villa Magdalena IV etapa, junto a un parque en homenaje a las víctimas de aquel fatídico viernes 14 de febrero de 2003. Día que quedó grabado con tinta indeleble para siempre en la memoria de sus habitantes.

Hace 17 años ocurrió la tragedia. Una casa bomba en la calle 65 estalló despertando a los vecinos que jamás imaginaron que serían los protagonistas de una historia de horror, que no olvidan.

Visité el barrio, recorrí a pie la cuadra y llegué hasta el lugar donde estaba ubicada la vivienda que fue cargada de explosivos y que estalló destruyendo todo a su alrededor. El lote 8 permanece vacío, con maleza, unas cuantas tejas y un cerco de alambre púa y madera, es usado como parqueadero de carros y motos.

La mayoría de las personas que ese día vivieron la tragedia, al poco tiempo vendieron las casas o las arrendaron,  buscando la manera de catalizar el dolor y empezar de nuevo.

Algunos aún permanecen allí, y pese a que pasaron tantos años, se conmueven al recordar aquel día que partió la historia del barrio en dos.

Me encontré con Jader Cerquera, él vive en la esquina de la cuadra y cuando comenzó a relatar lo que sucedió, tuvo que hacer pausas para continuar y agachaba la mirada, pude ver en sus ojos la tristeza que le produce revivir una vez más ese fatal suceso que enlutó a su comunidad.

A él, lo despertó el estruendo y tiene en su memoria, vivas las imágenes de lo que ocurrió ese terrible viernes. “Esto es muy triste, cada vez que se acerca esta fecha no dejo de pensar en el dolor, en lo que vi ese día, en el horror que padecimos todos los vecinos. Yo estaba durmiendo y el bombazo me despertó, corrí con mi familia a la calle, vimos algo que jamás olvidaremos, los muertos, el dolor, la tragedia fue muy grande. Es lamentable lo que hizo las Farc, se me dañó la casa, pero yo trabajaba en el Yep y gracias a eso la levanté, nadie nos ayudó”.

Hablé también con don Misael Lizcano Rojas, él vive en el barrio hace 23 años con sus tres hijos y su esposa y es el presidente de la Junta de Acción Comunal. Me abrió las puertas de su casa esquinera blanca y de rejas negras, que tuvo que ser reconstruida luego del atentado. Para él, al igual que para los demás sobrevivientes, no es fácil narrar los hechos que inundaron de dolor las calles de su barrio.

“Solo recuerdo destrucción, vecinos muertos y destrozados por todas partes, nuestro barrio quedó desbaratado. La noche anterior, fue bastante tranquila, yo me despedí de los vecinos y me entré a la casa, nunca imaginamos que esto pasaría. Al otro día tuvimos que ir a reconocer los cuerpos de nuestros vecinos que quedaron destrozados y las viviendas quedaron reducidas a escombros. Mi casa quedó sin techo, con los vidrios rotos y las puertas torcidas”, comentó mientras recordaba a los vecinos que perecieron ese día.

Un rostro que no puede olvidar es el de la pequeña Helen Tatiana Narváez Castrillón, la niña de cinco años que veía jugar y correr en la cuadra y que ese día falleció, junto con su hermana y su mamá.

“Yo la recuerdo mucho a ella, porque se acostó a dormir y no se pudo levantar de nuevo, tenía toda una vida por delante, era tan solo una niña. La hermanita de ella apenas iba a ingresar a la universidad y su carrera quedó truncada. Ellas vivían al lado de la casa donde explotó la bomba”.

“Otra joven estudiaba en el Liceo, y ya salía para sus clases cuando se encontró con los policías que le pidieron el favor de conseguir una escalera, entonces ella se regresó a buscarla, a preguntar quién tenía una, donde no se hubiera regresado estaría viva”, afirmó.

Con resignación, don Milciades aseguró que el tiempo ha sido el mejor aliado para continuar. “El tiempo ha sido el único remedio para asimilar este dolor. Estamos resignados, ya reconstruimos nuestras viviendas y solo nos queda seguir adelante”.

Sangre y lágrimas

La sangre derramada en los muros derrumbados de las casas, los miembros de los cuerpos de las víctimas esparcidos en la calle, vidrios rotos, escombros, llanto y dolor fueron las escenas de terror con las que se encontró Carlos Vargas, el primer periodista que llegó al lugar, y que tuvo que describir a los neivanos a través de la radio, el medio de comunicación más popular de la época.

“Yo era el encargado de los deportes del informativo El Imparcial. Ese día como todos los días yo madrugué a preparar las noticias. Me acababa de sentar en la mesa del comedor a redactar la información que iba a emitir en el noticiero de la mañana, cuando oí y sentí el estallido de la explosión, porque vivo muy cerca al barrio. Fue realmente impresionante. Se queda uno en shock esperando respuestas a un montón de preguntas que se le vienen a la cabeza”, relató con notable tristeza.

“Lo primero que se me ocurrió fue llamar a Norberto Castaño, el director, le conté lo que escuché  y le dije que eso había sido cerca a mi casa. Que confirmara con las autoridades donde sucedió el estampido.  Norberto efectivamente confirmó y a los pocos minutos me marcó para decirme que la detonación había sido en Villa Magdalena; barrio contiguo al mío. Me dirigí al lugar de la noticia y a las 6:00 a.m. abrimos la primera emisión del  noticiero desde el sitio donde explotó la bomba. Pero contar lo que veía fue muy duro para mí, se me entrecortaba la voz, debía hacer pausas, hasta lloré durante la transmisión porque no podía con tanto dolor y sufrimiento. Nunca podré olvidar a la joven con la que me encontré entrando a la cuadra, estaba desnuda boca arriba, con uno de sus brazos torcido, tirada en el suelo, cubierta de sangre, esto es algo que nunca se olvida”, manifestó.

“Nunca nos han pedido perdón”

Por esta tragedia lamentable, familiares de las víctimas y afectados interpusieron una demanda contra el Estado y no han sido reparados económicamente. Los dos fallos fueron apelados y están aún en proceso. Pero para los habitantes de Villa Magdalena, el reconocimiento y pago de la indemnización plena por perjuicios nunca reparará los daños morales y psicológicos producidos.

En el caso los servidores públicos recibieron las prestaciones sociales, el seguro de vida, la indemnización por muerte y la pensión de jubilación, pero son insuficientes para compensar el daño causado.

Hay que resaltar, que el Estado, como principal garante de los derechos humanos y custodio de la protección de sus ciudadanos tiene que reparar integralmente a las víctimas del conflicto armado. “Los abogados, lo único que nos dicen es que toca esperar, pero no pasa nada. El Estado nos olvidó, el país nos olvidó, nos hicieron promesas que no se cumplieron, hoy nadie recuerda lo que pasó aquí”, destacó Jader Cerquera.

“La guerra en Colombia está estratificada, según el lugar donde explote una bomba, así mismo le prestan atención. Incluso representantes de las Farc, como Timochenko, han pedido perdón en otros lugares, a otras personas, pero a nosotros no nos escuchan, las Farc nunca se ha manifestado reconociendo su error, esto nos ayudaría mucho para continuar”, finalizó el presidente de la Junta de Acción Comunal.

Para los sobrevivientes de la tragedia, el dolor continúa por dentro. Aunque es fácil ver en sus rostros el desconsuelo que arrastran por el olvido al que fueron condenados, siguen adelante, con la esperanza de un mejor futuro, pero no borran ese amargo capítulo, esperando la reparación integral y el perdón público.  Esta parte, esencial en esta fase de transición e implementación del acuerdo de paz, sigue pendiente, incluyendo a los victimarios.

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Este es el lote donde se encontraba la casa que explotó ocasionando la tragedia.

El día del horror

A las 5:25 de la mañana, el viernes 14 de febrero de 2003 el horror y el dolor sacudieron a los habitantes de la calle 65 del barrio Villa Magdalena IV etapa.

200 kilos de nitrato de amonio multiplicado con RDX estallaron dentro de una casa, ubicada en el lote 8 calle 65 N. 3-45 desatando una gran tragedia, que hasta hoy sus habitantes no superan.

Ese día, un escuadrón de la Policía llegó hasta el lugar, alertados por un informante que develó el plan terrorista que se venía preparando. Junto con los uniformados, entre los que se encontraba el comandante de la Sijín, mayor Henry Angarita Calderón, llegó la fiscal Segunda Especializada de Neiva, Cecilia Giraldo Saavedra, quienes fallecieron en el ataque terrorista perpetrado por la guerrilla de las Farc y que fue llevado a cabo por los miembros de la Columna Móvil ‘Teófilo Forero’ que abarrotó con explosivos la vivienda cercana al Aeropuerto ‘Benito Salas’, donde sobrevolaría el avión del entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez. El mandatario tenía planeado estar en Neiva a las 8:00 a.m. para presidir el Consejo Comunal de Gobierno.

La bomba, activada a control remoto, estalló cuando varios patrulleros de la Policía ingresaron a la casa por el techo, para hacer el allanamiento. Ahí se desató el caos.

El atentado, dejó 4 casas totalmente destruidas, mientras otras 74 resultaron afectadas por la onda explosiva. Además fallecieron 16 personas, entre esas 9 policías, la fiscal que dirigía la diligencia y 6 civiles. Otras 66 resultaron heridas.

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