La Nación
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Ahora sí, nos jodimos

Ahora sí, nos jodimos 1 20 septiembre, 2020

José Joaquín Cuervo Polanía

 

Alguien tiene que ceder. Alguien tiene que dar la alerta temprana que supone que estamos yendo al mayor polvorín conocido en nuestra historia, una agitación que revela un gran inconformismo contra un gobierno indolente que demuestra la poca empatía que tiene con los ciudadanos.

El Gobierno lo sabía de antemano: Son muchas las deudas pendientes que tenía con los colombianos: La gratuidad de la educación superior, el respeto a la vida de los lideres sociales, el reconocimiento a los pueblos indígenas, el rechazo a reformas tributarias cada vez más nocivas para con la clase media y emergente (aplastada y derrotada totalmente en la pandemia); estos han sido los detonantes de la protesta y la desesperación expresada con gritos y muerte.

No olvidemos que desde el 21 de noviembre del año 2019; el paro nacional y la protesta había insinuado las consecuencias que se podían venir frente a la persistencia en la falta de diálogo, la manipulación política y la insatisfacción ciudadana, la indignación por la brutalidad policial que causó la muerte del Estudiante de Derecho Javier Ordoñez es solo un detonante.

La verdadera responsabilidad es compartida entre el Gobierno Nacional, las autoridades y la misma sociedad.  La sola persistencia de mantener a Carrasquilla en el ministerio de Hacienda; la manera superflua como el presidente asumió la atención social en la Pandemia; sus pocas cuentas claras en su relación con el Ñeñe Hernández, las pobres explicaciones sobre la relación de su campaña presidencial con la mafia; el apoderamiento de las instituciones que desequilibran el balance del sistema de frenos y contrapesos: la estrategia absoluta de tomarse con la ayuda del Congreso  a la Contraloría, la Fiscalía, la defensoría del pueblo; la Procuraduría, también ha producido un ahogamiento agotador  en los Colombianos. Detonantes han sido también el injusto fortalecimiento de los más ricos en la reactivación económica post pandemia, que poco o nada han aportado a los más pobres para seguir justificando su privilegios y ganancias. Detonante es el préstamo injustificado a Avianca; detonante son las masacres de jóvenes; el reinado de las bandas criminales en muchos de los territorios; las acciones descaradas y tendientes a volver trizas el acuerdo final para la paz; detonante es la sensación de abandono por parte del Estado. Detonante es el desempleo rampante, el desmejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos en la pandemia.

Detonantes son la impunidad y la indolencia, la poca empatía para con los pobres y con la gente en medio de sus propias incertidumbres.  La bomba se apresta a estallar: Hubiera estallado hace mucho, si no fuera por el aislamiento preventivo y por las acciones que los gobernantes locales; especialmente los alcaldes trataron de implementar: La garantía de la matrícula Cero; la inversión en el mínimo vital de quienes no tenían esperanza; la verdadera sensibilidad social. Distinta a la indiferencia de una élite de poder que no se presta al diálogo, que manipula, que oculta; que sigue pensando en clave de oportunismo político.

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