La Nación
Esbozos de una errática política exterior 1 3 octubre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Esbozos de una errática política exterior

El mismo día de la posesión, Petro dio muestras de no tener la fina sensibilidad que caracteriza a los grandes hombres de Estado para dirigir las relaciones internacionales. Como si estuviera aún en las filas de la guerrilla del M-19 desafió al rey de España, uno de sus invitados de honor, con el temita de la espada de Bolívar como también permitió que otros invitados, como el caso del presidente Guillermo Lasso, fueran abucheados por sus “barras bravas”.

De tal suerte, y carente de todo conocimiento en esta materia, nombró a Leonor Zalabata  (embajadora ante la ONU) con el fin de satisfacer las pasiones de sus idólatras y no como una decisión de orden geoestratégico, pues, no se necesita ser un gran conocedor en los asuntos internacionales para entender que el tema prioritario es la guerra en Ucrania. Razón suficiente para decidirse por un funcionario cuyo perfil le permitiera comprender la mecánica del juego en Eurasia y su relación directa con los intereses nacionales.

Ahora, con respecto del establecimiento de las relaciones con Venezuela, lo que debería justificar dicha decisión son las cifras de comercio exterior y sus implicaciones en la economía nacional. El resto es pura sintonía ideológica y afinidad espiritual con el gobierno de Maduro. Por lo demás, Armando Benedetti es indiscutiblemente el hombre para esas faenas ya que, por un lado, representa idóneamente las maneras del petrismo y, por el otro, encaja perfectamente en las formas del régimen venezolano.

Igualmente, resulta fácil predecir que el mismo recetario que nos aplicaron Santos, las FARC y Raúl Castro ahora lo van aplicar Petro, el ELN y Manuel Díaz-Canel, lo que explica que el tema de drogas ocupe un reglón prioritario en la agenda internacional de cara a contribuir al “éxito” interno de la legalización del ELN y demás agrupaciones que se acojan a “la paz total”.

Sin embargo, dicha “paz” no puede llevarnos de regreso a los tiempos en que fuimos aislados de la comunidad de naciones por ser etiquetados como un narco-Estado por cuenta de las acusaciones que vincularon al presidente Samper con el Cartel de Cali.

Y como si lo anterior no fuera suficiente, el pasado viernes, durante la sesión extraordinaria de la OEA, Colombia decidió retirarse, en una clara manifestación de apoyo a Daniel Ortega, minutos antes de la votación que aprobó una resolución en contra del gobierno sandinista por la brutal persecución a la oposición nicaragüense, lo que dejó en el ambiente tres hechos incuestionables:

1) Petro violó el orden legal americano al desconocer la Carta Democrática Interamericana; 2) ofendió a las víctimas del sandinismo que no legitiman tanto a los gobiernos dictatoriales como aquellos que tienen su origen en la lucha armada; y 3) se ha burlado de toda la opinión pública colombiana que esperaba una actitud menos servil frente a un gobierno que ha agredido y lesionado territorialmente nuestra soberanía.

En síntesis, la gestión del Palacio de San Carlos necesita con urgencia unos arquitectos que estén lejos de la falta de tacto diplomático y olfato geopolítico, de la maraña de los intereses creados alrededor del servicio exterior, de las simplicidades ideológicas y del tono demagógico que caracteriza a la nueva administración. Por lo que resulta más que oportuna la citación, para efectos de control político, al canciller Álvaro Leyva.