La Nación
Mi mamá no trabaja. Ella es ama de casa 1 3 diciembre, 2021
COLUMNISTAS

Mi mamá no trabaja. Ella es ama de casa

Dayana Méndez Aristizábal

Cuando era una niña, constantemente escuchaba que cuando la profesora les preguntaba a mis compañeritos en la escuela ¿En qué trabaja tu mamá? Ellos solían responder, “mi mamá no trabaja. Ella es ama de casa”. Acto seguido oía cómo la profe les explicaba que su mamá si trabajaba, que todo lo que ella hacía en casa era trabajo, así no se lo pagaran. He de confesarles que mi profesora, era también mi mamá, la persona que abrió mi mente frente a estas circunstancias de injusticia. En la sociedad hemos asumido, que las labores del hogar deben hacerlas las mujeres de la casa, que además deben hacerlas gratis y finalmente, que eso no es trabajo porque no se paga. Barrer, trapear, lavar los platos, cocinar, cuidar de los y las hijas, lavar y planchar la ropa, cuidar de las personas enfermas en casa, ser el soporte emocional y afectivo de la pareja y un largo etcétera de actividades, no tienen valor alguno, ni social ni económicamente.

En promedio en Colombia –según el DANE-  las actividades del hogar ocupan 13 horas diarias, tiempo que casi en su totalidad, es invertido por las mujeres, quienes realizan casi 3 veces más trabajo doméstico que los hombres. El cálculo del Producto Interno Bruto –PIB- no tiene en cuenta el trabajo doméstico a menos que sea remunerado –y hay que ver que se remunera mal-. Es decir, el trabajo que hacen las amas de casa del país no genera ninguna aportación en la economía de este. Estudios recientes señalan que si el trabajo doméstico se contabilizara representaría el 19.3% del PIB, lo cual es superior a la contribución de las exportaciones a la economía del país, que es del 16.3%.

Así las cosas, a esas mujeres, que están trabajando todo el día para servir a su familia y a una sociedad poco grata, no sólo no se les reconoce su esfuerzo, sino que además tendrán una vejez sin una pensión, porque para el Estado ellas nunca han trabajado. Algo similar como lo que ha sucedido con las madres comunitarias, a quienes cuando la Corte Constitucional ordenó pagarles todo el tiempo trabajado gratis, entonces los cálculos arrojaron que era muchísimo dinero y que pagarlo pondría en grave riesgo la economía del Estado.

Y no nos olvidemos que todos estos esfuerzos se triplican cuando se trata de mujeres rurales. Ellas, que aunque invisibilizadas totalmente, no solamente cuidan de su familia, siembran la tierra, sino que además, hacen posible que la comida llegue a nuestra mesa.