La Nación
Una pregunta apta solo para mujeres 1 28 septiembre, 2022
COLUMNISTAS OPINIÓN

Una pregunta apta solo para mujeres

El 19 de septiembre la Corte Constitucional recibió un escrito a través del cual se le solicita ordenar la suspensión inmediata de los procedimientos de interrupción voluntaria del embarazo – IVE, a partir de la semana 22 de gestación que se practican en el país, con ocasión a la decisión adoptada por esa corporación en la sentencia C-055 de 2022.

La petición fue recibida en el marco de la acción pública de inconstitucionalidad promovida por la abogada Natalia Bernal Cano contra algunos artículos del Código Penal; en defensa, en palabras de la demandante, de quienes no tienen voz y son agredidos con procedimientos abortivos, solicitándole a la corte “no ordenar” ni “tolerar” más abortos legales. ¿Cómo es posible creer que al prohibirse en una norma jurídica dejarán de practicarse?

Con la demanda se busca reabrir el debate en torno a la eterna discusión de si en Colombia debe o no estar permitida la interrupción voluntaria del embarazo.

Para empezar, se recuerda que el pasado 21 de febrero la Corte Constitucional en una polémica decisión declaró la exequibilidad condicionada del artículo 122 del Código Penal. En términos castizos, en Colombia se despenalizó el aborto hasta la semana 24 de gestación. Después de ese límite temporal sigue siendo punible salvo que se configure cualquiera de los tres supuestos previstos en la sentencia C-355 de 2006.

La acción de inconstitucionalidad presentada por Bernal Cano pretende, desconociendo las competencias del tribunal constitucional, entre otras cosas, que a través de una sentencia integradora se precise cual será la sanción para quienes realicen un aborto, colaboren en su práctica y, léase bien, para quienes lo promueven. Como si las cárceles de Colombia admitieran un preso más. Como si la represión y el castigo fueran las únicas respuestas que el Estado colombiano puede brindar.

 A juicio de la abogada, en la sentencia de principios de año se decidió despenalizar la conducta de la mujer que comete aborto, pero nada se dijo en relación con los demás sujetos que promueven o participan en el procedimiento, por lo que en su entender, no se habría configurado la cosa juzgada constitucional.

Ahora bien, más allá de los turbulentos debates políticos en torno al tema, del asunto de salud pública que representa, de las opiniones a favor y en contra, de las pasiones que se exacerban, del derecho que pretende acaparar todos los espacios de la vida cotidiana;  hay una verdad irrefutable: el profundo drama que vive y sufre la mujer que está llamada a decidir si interrumpe o no su embarazo. Insolente quien se atreve, sin ser consultado, a prescribir el modo de proceder de quien se encuentra en una situación semejante. Invasivo el Estado, invasiva la sociedad que le impone a una mujer bajo la amenaza de una pena, dar a luz en contra de su voluntad.

Los seres humanos, grandes y miserables al mismo tiempo, nos hemos arrogado la facultad de decirle y hasta imponerle a los otros cómo vivir, qué pensar y sentir. Expresiones aparentemente inocentes como “haz esto y aquello”,ten esto y lo otro”, “no digas”, “no opines”, “no muestres”, “sonríe” son el reflejo de una sociedad que reprime e impone sin más argumentos que el mero parecer  de quien emite el imperativo.

La demanda de inconstitucionalidad que hoy se estudia hace patente cuan diferentes somos. Intervenciones de todo tipo le han llegado al tribunal constitucional respaldando una y otra postura. Lo cierto es que, mientras cientas de nosotras celebrábamos la histórica decisión de la Corte Constitucional que nos facultó para tomar decisiones sobre asuntos profundamente íntimos sin recibir por ello una sanción penal, otras tantas lamentaban lo ocurrido. ¡Asesinas! Eran las acusaciones. Cómo explicarles que la despenalización del aborto no es per se hacerlo obligatorio. Ninguna mujer estará obligada a abortar, el fallo significa entonces la potestad de ejercer el sagrado derecho a decidir.

Que cada una de nosotras pueda vivir conforme a su propio sistema de creencias, entendiendo que son solo eso: mis creencias. Intentar hacerlas universales es tan absurdo como pretender que los seres humanos estandaricen sus pensamientos. Por ideas como esas, ríos de sangre ha derramado la humanidad.