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Cinco cosas que los médicos seguimos recomendando… y ya no deberíamos

Cinco cosas que los médicos seguimos recomendando… y ya no deberíamos 1 14 agosto, 2020

El pediatra Miguel Andrés Bayona enumera 5 aspectos importantes que deben tener en cuenta los padres de familia durante los años de crianza con sus hijos. Afirma que ninguno de los remedios caseros publicitados en redes sociales es eficiente para la prevención del coronavirus.

 

Cinco cosas que los médicos seguimos recomendando… y ya no deberíamos 2 14 agosto, 2020

Miguel Andrés Bayona Ospina, Doctor Barbuchas

Médico Pediatra – Máster Universitario en Cuidados Paliativos Pediátricos

Miembro de la Junta de la Sociedad Colombiana de Pediatría – Regional Huila

Docente del posgrado de pediatría de la Universidad Surcolombiana

@pediatraencasa

 

Existe la creencia popular (incluso entre profesionales de la salud) de que el mejor médico es el que más formula. Los pacientes, en su mayoría, consideran que si no salen de la consulta con una fórmula que prescriba varios medicamentos, “ese médico no sirve”. Esto no es cierto, al menos no en todos los casos. Sí, los medicamentos son fundamentales para nuestro trabajo, son unas de nuestras herramientas más importantes al tratar dolencias y enfermedades, pero no son las únicas. Muchas afecciones se pueden aliviar con recomendaciones y consejos, con una buena alimentación y ejercicio, o corrigiendo hábitos. Otras veces lo único que necesitamos es alguien que nos escuche.

Los médicos siempre procuramos formular lo mejor para nuestros pacientes, eso está claro, y en el caso de los niños, con más razón. Los medicamentos que recomendamos requirieron años de estudios para definir si se podían formular: pasaron por todo un proceso para verificar que los beneficios superaran los riesgos, que se obtuviera el efecto deseado (curar o controlar un síntoma), luego se probaron en diferentes personas y poblaciones hasta obtener efectos similares.

Todo este proceso lo hemos visto aún más claro en esta pandemia del coronavirus, en la que cada día aparecen nuevos medicamentos y vacunas candidatos a ser una posible solución, y en medio del afán de frenar las muertes, se realizan cientos de estudios a escala mundial, con resultados preliminares que a veces obligan a probarlos sin tener la total certeza de que puedan funcionar. Los científicos siguen buscando.

Es importante recordar que no hay un medicamento libre de efectos adversos. Todos, hasta el popular acetaminofén, en algún momento podrían generar alguna reacción indeseada. Yo, por ejemplo, soy alérgico a los antiinflamatorios como el ibuprofeno; tomarme alguno sin darme cuenta podría hasta arriesgar mi vida. Pero todos estos efectos están descritos y se conocen, se advierten generalmente en los consultorios cuando se formulan. En caso de que se presente, se debe consultar al médico de inmediato.

Pero hay medicamentos que, a pesar de que hace mucho tiempo no se recomiendan, siguen siendo formulados: unas veces por no tener información actualizada; otras, por la presión de los pacientes o padres que mencioné anteriormente, que quieren seguir recibiendo lo que siempre le han formulado para equis dolencia, o ante la amenaza o riesgo de no volver a consulta porque salieron sin fórmula; y en ocasiones por influencia de la industria farmacéutica.

Por tanto, hoy les quiero hablar de cinco formulaciones que aún se siguen haciendo, pero ya no se deberían aconsejar, o al menos no de una forma tan generalizados como hasta ahora:

  1. Vitaminas y jarabes para el apetito: Es una de las consultas más habituales y de las formulaciones que más piden los papás y mamás. Ya lo mencioné cuando hablé del apetito en niños (ver el artículo “¡Mi bebé no come!”), donde aclaré que la mayoría de casos en los que un niño no come bien, lo que hace falta es corregir algunas conductas que podemos tener los padres con respecto a la alimentación de ellos. Infortunadamente, ni una vitamina ni un jarabe les va a abrir el apetito. No existe esa “cura milagrosa” que lo logre. Sí, cuando se presenta algún déficit nutricional pueden requerir algún tipo de suplemento específico, pero formularlos en todo caso puede incluso aumentar el problema: muchos de estos terminan “llenando” al niño, lo que hace que no coman la comida que queremos, la que se prepara en la casa.
  2. Jarabes para la tos: ¿Quién no ha tomado uno de estos? ¿A qué niño no se lo han formulado? ¿Quién no ha ido a comprarlo en una farmacia? Todos lo hemos hecho. La cuestión es que, aparte de controlar el síntoma, que sí, que puede ser molesto, no tienen ningún otro efecto. Por otra parte, hay que tener en cuenta que la tos es un mal necesario: es un mecanismo de defensa del organismo para expulsar la flema y las secreciones que tengamos en nuestro aparato respiratorio; no se debería quitar. Existe, además, un agravante: en niños menores de dos años la mayoría de estos medicamentos no se deben utilizar, pueden tener efectos adversos tan graves (y raros) como las convulsiones.
  3. Metoclopramida para el vómito: En menores de un año no se debe usar. Aún se sigue formulando en consultorios y servicios de urgencias, pero en algunos casos los efectos pueden ser tan graves como para generar convulsiones y hasta la muerte. Incluso en niños más grandes pueden presentarse. Idealmente deberían usarse en el hospital y bajo supervisión médica. Un niño con vómito debe recibir suero oral en pequeñas tomas, y si no lo tolera, hay que consultar por urgencias.
  4. Remedios para “subir las defensas”: No existen medicamentos de venta libre que logren esto. Ni para subir defensas ni plaquetas (por ejemplo, en el caso de dengue). Normalmente, las defensas del organismo se recuperan por sí solas luego de una infección, con remedio o sin él. Si usted o sus hijos tienen infecciones frecuentes, lo que debe hacer es consultar a su médico y encontrar la causa.
  5. “Curas” para el coronavirus: Era necesario resaltar de nuevo esto porque, como mencioné al comienzo, ante el aumento de casos y muertes se están investigando muchos medicamentos, algunos de los cuales ya tienen una indicación específica en ciertos pacientes. Cualquier video, audio, mensaje de wasap o Facebook que nos indique que debemos tomar algo para prevenir o tratar el coronavirus, no es suficiente razón para que lo hagamos. Tampoco hay vacunas que prevengan o hagan que el coronavirus sea menos grave. Es más: esto se vuelve peligroso porque, al confiar en estos medicamentos, podemos descuidar las otras medidas que sí han demostrado la posibilidad de contagio, como son el distanciamiento físico, el lavado de manos y el uso del tapabocas.

Finalmente, recordemos que la ciencia está en continua evolución. Por eso es importante acudir al médico y dejar de pensar que, si a otras personas les “funcionó”, con nosotros será igual. Las redes sociales definitivamente no son una fuente confiable para depositar en ellas las decisiones relacionadas con la salud.