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Sueños de emprendedores 1 25 enero, 2021
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Sueños de emprendedores

En medio de la desesperanza y las pocas oportunidades que les brinda la sociedad para poder realizar sus sueños, un grupo de jóvenes estudiantes y amas de casa que quieren vencer la pobreza se capacitan en electricidad, belleza y modistería. Su sueño es aprender un oficio que les permita desarrollar su proyecto de vida. En medio de la desesperanza y las pocas oportunidades que les brinda la sociedad para poder realizar sus sueños, un grupo de jóvenes estudiantes y amas de casa que quieren vencer la pobreza se capacitan en electricidad, belleza y modistería. Su sueño es aprender un oficio que les permita desarrollar su proyecto de vida. FERNANDO POLO C. LA NACIÓN, NEIVA Cansados de ver cómo siempre la historia se repite con sus vecinos y amigos de barriada, que terminan el bachillerato y por diversas circunstancias no logran un cupo en la universidad, terminan haciendo cualquier cosa para poder sobrevivir menos lo que ellos pensaron y con lo que soñaban desarrollar su proyecto de vida. Tal vez para no repetir esa experiencia, un grupo de jóvenes estudiantes de la Institución Educativa IPC y algunas amas de casa de la Comuna Ocho decidieron acogerse a los programas de capacitación técnica que tiene el plantel educativo. Las clases las reciben los sábados en horario de 7:00 a.m. a 12:00 p.m. Al centro educativo llegan todos los fines de semana jóvenes que están cursando actualmente los grados Décimo y Once de Bachillerato, a ellos se suman algunas amas de casa y hasta estudiantes universitarios, como en el caso de Alejandra González, que ve en las clases de electricidad una ocasión para profundizar en sus conocimientos y lograr mejores resultados en la universidad, donde tuvo la oportunidad de ingresar a estudiar Ingeniería Electrónica. Los recintos donde se dictan las clases entre semana, el sábado son transformados en talleres de modistería, electricidad y salones de belleza, que son los cursos que se ofrecen. Allí en medio de la camaradería y las ocurrencias de los adolecentes, transcurren las clases que dictan los profesores contratados por la Fundación Utrahuilca, entidad encargada de sacar adelante el proyecto con la ayuda del IPC. El convenio busca que los jóvenes se interesen por oficios que les pueden representar una ganancia económica. Una vez terminen sus estudios de Bachillerato los pueden continuar con el Sena, donde los titularán como técnicos y a través de ese oficio pueden desarrollar proyectos de vida exitosos. Electricistas El curso de electricidad es de los más apetecidos por los muchachos de la comuna, según el profesor Nelson Enrique Meñaca Majé. “Ellos se sienten atraídos porque el aprendizaje es ameno, les enseñamos para qué sirve un curso de estos y la infinidad de oportunidades laborales que brinda. La parte teórica y práctica es muy didáctica, la idea es que ellos se enamoren del oficio y lo pongan en práctica. Aquí aprenden el área de electricidad en instalaciones eléctricas y motores eléctricos. Desarrollan competencias para hacer instalaciones residenciales, comerciales e industriales. Aplicamos todas las normas exigidas por el Reglamento Técnico de Instaladores Eléctricos (Retie), que es el organismo encargado de vigilar las normas de los electricistas. En el curso recibimos jóvenes desde los 12 años; lo importante es que tengan interés de aprender”, aclara Meñaca Majé. En el curso de belleza la ansiedad de las jovencitas por verse bien presentadas aumenta el ritmo de la clase y da rienda suelta a la imaginación. Las prácticas las hacen entre ellas mismas, y se vuelven unas verdaderas artistas. Armadas con esmaltes y pinceles pintan auténticas obras de arte en las uñas de sus compañeras. Si algo sale mal, no hay problema, la instructora limpia la uña y el trabajo se repite hasta que quede bien. “En belleza son varios niveles, en el uno se enseña manicure y pedicure, se les da orientación hacia la bioseguridad, corte básico para hombre y decorado de uñas. El segundo nivel contiene corte para dama, trenzado y peinado. En el tercero aprenden todo lo que son tintes, planchado y cepillado. Al terminar los tres niveles ellas salen como profesionales en belleza, además adquieren un amplio conocimiento de mercado, la idea es que ellas salgan y coloquen su propio negocio. Por medio de la Fundación Utrahuilca les colaboran para que monten su unidad productiva”, explica Angie Julieth Lozada, coordinadora del programa de belleza. Sueños de empresarias La mayoría de las alumnas de belleza a pesar de su juventud sueñan con tener su propio negocio, ven en el curso una oportunidad para realizar sus proyectos, esos deseos que se les truncaron a sus amigos y vecinos porque no tuvieron una oportunidad o porque no la supieron aprovechar. Es el caso de Jimena Medina, una joven que cursa Décimo Grado en el IPC, está terminando el curso de belleza y tiene expectativas de asociarse con una compañera de clase para montar un salón y ofrecer los servicios de manicure, pedicure y corte de cabello a su comunidad. “Yo lo que quiero es terminar el curso y buscarme una socia ojalá de aquí del mismo curso para que montemos un salón de belleza. Aquí en la misma comuna está la clientela, nos están enseñando las últimas técnicas, salimos bien preparadas, entonces veo que es la oportunidad de tener algo que me genere recursos para luego continuar mis estudios”, expresa Jimena. Pero si las jóvenes sueñan con tener su negocio, las amas de casa y madres cabeza de familia no se quedan atrás y sacan tiempo para asistir los sábados a las clases, ellas se interesan más por la modistería, ven en la elaboración de vestidos una forma de colaborar con ingresos para el hogar. Como Olga Lucia Vanegas, que sin importarle vivir en el municipio de Rivera, viaja todos los fines de semana a recibir las clases, porque sin terminar el curso ya confecciona blusas que le vende a sus amigas para financiar los pasajes. Su esposo, un mecánico automotriz que desempeña su oficio en la zona industrial de Neiva, la apoya en la idea de montar un taller de confecciones y así poder completar más rápido el dinero para la cuota inicial de una casa que tienen proyectado comprar hace rato, pero que por circunstancias económicas no han podido. “Yo aprendí ya la elaboración de blusas, camisitas para bebé y pantalonetas. Mis amigas me compran por encargo, con las blusas me va bien porque han gustado. Aunque el esfuerzo que tengo que hacer para recibir las clases es grande porque vivo en Rivera y tengo esposo y tres hijos, yo vengo, quiero terminar el curso y montar un taller de confección, ya tengo la maquinita, me falta la fileteadora, mi esposo me está ayudando a conseguirla. Porque tenemos claro que con el trabajo de él y mi taller vamos a poder conseguir lo de la cuota inicial de la casa”, cuenta entusiasmada Olga Lucía. A las doce del día suena un timbre indicando que la clase se acabó, pero nadie se mueve. Jimena Medina sigue haciendo dibujos en las uñas de su compañera y Olga Liliana Vanegas cambia el carretel de hilo para darle la última puntada a una blusa que tiene que entregar esa noche, la tiene vendida en 30.000 pesos y los necesita para el pasaje, recursos que le permitirán seguir soñando con tener un taller de confecciones y una casa para compartir con su esposo y sus tres hijos. 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