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Uber, otra vez. Mar de errores

Por: Germán Palomo García

Sin duda, el hecho económico de estos primeros diez días en el país es el retiro de UBER en siete años, el gobierno colombiano no pudo, o no quiso, reglamentar el uso de la plataforma tecnológica UBER que hoy no es la única que existe en Colombia y ha generado un señalamiento al actual gobierno de estar en contra de los avances tecnológicos, ir en contra de la economía creativa, bandera de sus estrategias de desarrollo y alentar el desempleo al definir, la Superintendencia de Industria y Comercio, SIC, que UBER no puede operar más en el país como empresa de transporte público pues no cumple con los requisitos exigidos para ofrecer estos servicios.

Vamos por partes. ¿Por qué UBER puso a disposición de no taxistas esta aplicación cuando sabía que, en nuestro país, es una actividad regulada? De entrada, planteó, o apoyó la creación de una competencia irregular pensando en que la realidad del mercado llevaría a una reglamentación que facilitara la coexistencia entre varios sistemas de servicio público. En otras palabras, alentó la informalidad que enfrentó a los taxistas con quienes no lo eran pero prestaban igual servicio y en condiciones mejores. Al respecto, vale recordar que en la década de los sesentas existían taxis de color Blanco y verde dedicados a la prestación de servicios a los turistas, especialmente los alojados en el Hotel Tequendama que era su estación de parqueo.

Hoy no existen pero es un antecedente que permite pensar en que sí es posible una reglamentación que facilite un servicio que no desconozca los avances tecnológicos. Los taxis amarillos “aportan” al problema muchas dificultades como el costo del cupo del taxi que es un “invento” de las empresas que no le representa ningún ingreso al Estado. Hoy, un cupo vale más que el mismo taxi, situación que no la tienen los socios de UBER aunque deben reconocerle un porcentaje de los ingresos y el sistema de facturación los hace muy dependientes.

Con relación al empleo, es claro que para la mayoría de socios de UBER, por lo menos en teoría, son de segundo empleo su labor con el vehículo pero no puede verse como una facilidad para atender un problema que no deja bien parado al país en el concierto internacional. Hoy los taxistas están cantando victoria lo que tampoco es bueno y lo que debe hacer el gobierno es recuperar el tiempo perdido reglamentando estas aplicaciones.

Así como existen otras, UBER también cabe y dependerá de sus propias decisiones regresar al mercado. La informalidad no solo está solo en los asociados de UBER sino en otros vehículos. Y esto sin contar con los moto taxistas que aquí en Neiva pululan. Reglamentar es la solución, no darle la espalda a la tecnología.

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